Guernica hace 25 años

abril 13, 2017

Al calor del desarme de ETA, mi amigo Paco Casero me recordaba ayer la huelga de hambre que un grupo de hombres y mujeres de Andalucía protagonizó hace 25 años bajo el árbol de Guernica pidiendo el cese de la violencia terrorista. Eran momentos duros con una banda en plena actividad asesina y la iniciativa suponía un gesto de tremenda valentía. Casero, una persona de principios y profundamente pacifista, embarcó a 31 andaluces (entre ellos, mi querido Pedro Andrades) en esta movilización de réplica a la amenaza de ETA de atentar durante la Expo de Sevilla de 1992. Me comentaba que “fueron unos días muy intensos y de impacto en la sociedad vasca” y que “se creó una importante corriente de solidaridad” con esta acción. Era la primera vez que organizaba un acto contundente contra la violencia y además por unas personas que eran de fuera de Euskadi. Sin duda, fue un aldabonazo, una aportación a la lucha de los demócratas por la paz. Los que tenemos memoria no hemos olvidado el ambiente hostil de esos días, una atmósfera irrespirable que retrata fidedignamente Fernando Aramburu en su novela ‘Patria’, tan actual y de moda en estos momentos. Por eso, un cuarto de siglo después cuando ETA lleva más de cinco años sin matar y ha entregado las armas, cuando ya sólo falta su disolución y su derrota es ya una realidad, echar una mirada atrás supone no perder la referencia de lo mucho que ha costado llegar hasta aquí y cuánto dolor ha causado el terrorismo etarra.