Más de lo mismo. El Gobierno de Mariano Rajoy ha presentado un proyecto de ley de presupuestos para 2017 cortado con el mismo patrón de los años anteriores. Mucho predicar sobre que la recuperación económica es ya una realidad y el Consejo de Ministros aprueba unas cuentas que siguen la senda de la austeridad. ¿En qué quedamos? Unas cuentas de la frustración porque se han intentado vender a bombo y platillo y cuando uno rasca no observa una apuesta ni siquiera mínima por los servicios públicos y el bienestar de los ciudadanos. Los números no engañan: se prevé un incremento del 7% de los ingresos y, sin embargo, los gastos destinados a políticas, las que han de sentir la gente, bajan en 5.000 millones.

Nos están haciendo el truco del trilero mueven la bola de un sitio a otro hasta que le perdemos las pista. La ciudadanía necesita ya sentir la mejora de la economía y recuperar los derechos perdidos, y estos presupuestos no van en esa línea. El gasto público sigue perdiendo peso y ha pasado del 45,8% del PIB en 2011 al 41,3% en este proyecto para 2017. Traducido a dinero contante y sonante estaríamos hablando de 50.000 millones de euros menos para las políticas que nos hacen iguales ante la sanidad, la educación y la dependencia, que generan crecimiento económico y que crean empleo. Por poner un solo ejemplo: la asociación de directores y gerentes de servicios sociales critican al PP por la insensibilidad y el abandono a más de 341.000 dependientes en nuestro país, de los que, según sus datos, irán falleciendo a razón de 90 al días sin disfrutar de este derecho. Consideran estas cuentas papel mojado.

Que no nos vendan milongas desde la Moncloa. Los presupuestos constituyen un nuevo fiasco. Por mucho que no los quieran envolver en papel de celofán. Otro gran espejismo.

Foto.- Efe. La mujer y los hombres de negro de este Gobierno.