Viaje productivo

diciembre 1, 2016

Hoy más que nunca pienso en la sentencia del Quijote: “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos“. La buena cosecha recogida por Susana Díaz en su visita institucional a Bruselas ha molestado mucho a varios partidos de la oposición. Partido Popular y sus aliados de pinza, Podemos e Izquierda Unida, han jugado a la política de tierra quemada. Con el más puro estilo de los malos futbolistas, han intentado embarrar el campo para parar al adversario, en este caso político. Y han fracasado con estrépito. El resultado obtenido habla por sí solo, no necesita intérpretes mal intencionados: reivindicación de la conexión del Puerto de Algeciras con la red ferroviaria transeuropea, el desbloqueo de proyectos de interés estratégico como la red logística o el corredor litoral de la Costa del Sol, el giro económico de la Unión Europea para romper con las políticas austericidas, el apoyo al I+D+i y las energías renovables, la protección de Doñana, la extensión del programa andaluz de acogida de menores refugiados no acompañados a toda los países de la UE y un largo etcétera. Tres comisarios (Mogherini, Moscovici y Cretu), con los que Díaz ha mantenido reuniones, han manifestado su interés por visitar Andalucía y conocer los proyectos en marcha de primera.

El nombre de Andalucía sonó fuerte en las instituciones comunitarias y eso es demasiado para una oposición de cortas miras. El que dirige la franquicia andaluza del PP ha estado estos días en Bruselas, siguiendo la rueda de la presidenta andaluza, y su estancia ha pasado sin pena ni gloria. Juan Manuel Moreno Bonilla se ha pasado tres jornadas dando vueltas por los pasillos y los corresponsales más veteranos no recordaban una visita menos justificada y más inane. Como no ha vendido nada, se ha dedicado otra vez a dañar la imagen de esta comunidad (por cierto, Andalucía ha ejecutado el 116% de los fondos europeos y su gestión es valorada en la UE) y a atacar a Díaz. De lo que ha ido el pepero a hacer a la capital comunitaria no se tiene noticia alguna. ¡Ay, la envidia!

A Antonio Maíllo, líder de lo que antes era un partido y hoy es una franquicia: Izquierda Unida, no le ha interesado mucho el contenido y se ha dedicado a predicar moralina trufada de demagogia. Maíllo, que sangra por una herida autoinfligida, se ha ofuscado atacando la visita en sí y tirando de mezquindad preguntando el coste del viaje. A una persona de su cualificación y su nivel intelectual no le pega chapotear de esa manera en el fango. Su jefa de Podemos, Teresa Rodríguez, ha buscado también hacer un relato en clave orgánica muy alejado de la realidad de esta misión y ha usado la misma línea de crítica barata que su subalterno de IU.

Una oposición, en definitiva, que ha digerido muy mal una agenda muy productiva. Menos ruido y más propuestas.

Foto.- Díaz, con el presidente del Parlamento europeo, Martin Shulz.

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