Contra los que encanallan la vida pública

septiembre 19, 2016

Hoy no me apetece escribir. Ando con la sangre caliente y es mejor en esos momentos morderse la lengua. Entiendo la política como un arte noble en el que desde distintas posiciones ideológicas se intenta transformar la sociedad, favorecer su progreso y posibilitar mejor calidad de vida para los ciudadanos. Un arte en el que no vale coger atajos para sacar ventaja. De un tiempo en esta parte, y muy especialmente en Andalucía, la derecha decidió encanallar el espacio público para ver si así conseguía gobernar en esta tierra. Su fórmula no fue otra que intentar destrozar al adversario, No le ha importado sembrar sospechas infundadas, pisotear el honor de personas íntegras y decentes, alimentar las prácticas más deleznables con tal de conseguir sus fines espurios. Ha llevado al extremo las enseñanzas de Maquiavelo: se han servido de los medios más arteros y repugnantes con tal de aniquilar socialmente al rival. No le ha importado producir un daño injusto a sabiendas con tal de arañar miserablemente un puñado de votos. ¿Qué más da el buen nombre y la reputación de las personas? ¿Qué más da el sufrimiento de las familias? Desde la derecha como deporte se mancilla, se pisotea y se zahiere a capricho sin pensar en el dolor gratuito que causan. Pienso en muchos compañeros y amigos, hombres y mujeres que han vivido y viven en sus carnes esta dinámica aberrante sin merecerlo. Muchos hoy ya pueden respirar porque todo fue un mal sueño, otros siguen viviendo una injusta pesadilla. Y hoy muy especialmente pienso en Miguel Ángel Soto, secretario de Organización de Comisiones Obreras en Andalucía, fallecido hace apenas diez. Ahora hemos conocido el archivo de una causa judicial por la que la derecha y todos sus altavoces lo atacaron ferozmente durante cuatro años. Me cuentan sus allegados que tenía el sinsabor de que su gente lo había visto en los telediarios y en la prensa como un delincuente sin razón alguna para ello. Este sobreseimiento le llega tarde por desgracia pero seguro que su familia lo agradece, y mucho, porque restituye el honor que algunos habían querido manchar. Los que encanallan o disfrutan con la carroña no estarán tan felices, pues que se les atragante.

Viñeta.– El Roto.

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