Sillones y referéndum

febrero 16, 2016

Sin entrar en las formas, la prepotencia que preside todas las comparecencias de Pablo Iglesias salta a la vista de cualquiera, el documento de Podemos para pactar con el PSOE representa una apuesta inequívoca por unas nuevas elecciones. Esta contraoferta al programa inicial presentado por el socialista Pedro Sánchez está cargada de maximalismo y pretende dinamitar cualquier posibilidad de encuentro o humillar a un partido con 136 años de historia con postulados inasumibles y que se alejan mucho de la gente y de la tradición de la izquierda.

El texto de la formación morada sitúa al mismo nivel el rescate ciudadano, la lucha contra el desempleo o el fortalecimiento de los servicios públicos con el reparto de sillones, la celebración de un “imprescindible” referéndum sobre la independencia de Cataluña o la reforma del modelo territorial dividiendo España entre territorios de primera (naciones) y de segunda (comunidades políticas), lo que en la práctica supone un modelo confederal asimétrico y con estados independientes (léase Cataluña, Euskadi o Galicia) que se asocian a España. Con estos mimbres resulta imposible un acuerdo de gobierno. Mucha retórica hueca de Iglesias y sus cuates y a la hora de la verdad sus prioridades se centran en contentar a sus confluencias independentistas descosiendo España.

Y la agenda social no es ni siquiera segundo plato. El documento de Podemos destila un ansia de poder desmedido. Ellos, que tantas lecciones han dado a lo que denominan la vieja política, anteponen los sillones también a una respuesta de progreso para los ciudadanos que peor lo han pasado durante esta crisis. Iglesias se arroga para sí una vicepresidencia con competencias absolutas, cuando algunas corresponderían incluso al presidente del Gobierno. El documento establece la estructura del futuro Ejecutivo, el número de ministerios (con una pintoresca cartera de Plurinacionalidad para pagar el peaje que les exige Ada Colau y En comú) y la creación de nuevos organismos estatales bajo la órbita del partido morado.

Iglesias y compañía están demostrando una forma de negociar sui géneris por no decir arrogante y desde la atalaya de una hipotética superioridad. ¿No habíamos quedado que lo primero son las políticas y luego los nombres y los puestos? Pues no. Éstos que van de nuevos pero ya tienen varios trienios en política no están mostrando su vis más antigua. Parecen vendedores ambulantes de crecepelo. Qué diferencia con la actitud de Izquierda Unida, con quien los socialistas ya han acordado doce medidas políticas y sociales pensando en la gente.

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