Comienza el partido

febrero 3, 2016

A los 43 días de la celebración de las elecciones la pelota empieza a rodar. El Rey, cumpliendo con su cometido constitucional, dio anoche el pitido inicial del partido al encargar formar gobierno al aspirante del PSOE, Pedro Sánchez, rompiendo el bloqueo que impedía el arranque efectivo de la legislatura. La decisión del monarca ha puesto el reloj en marcha y ya no caben ni más tácticas dilatorias ni movimientos de cara a la galería. Los cuatro protagonistas del tablero nacional tienen que jugar sus cartas:

Las dos negaciones de Mariano Rajoy. Por segunda vez, el presidente en funciones renunció a someterse a la investidura. Cierto que no tiene apoyos, pero ¿los ha buscado en algún momento? Desde la noche del 20-D se dedicado a esperar que la fortuna haga una parada en su puerta. Ha dejado pasar la ocasión ante la falta de arrestos políticos. Ha actuado como los malos toreros: se ha metido detrás del burladero esperando que otro asuma el riesgo de lidiar a un toro complicado. Ni antes ni después de un eventual fracaso de Sánchez tendrá opciones de repetir en el cargo. Es más, en la tarde de ayer rubricó el final de su carrera política. Ha antepuesto su interés personal, con la anuencia de unos dirigentes aduladores y sumisos, al de su partido y también al de España. Y si hay elecciones me temo que no será el cartel electoral, que en la sede de la calle Génova buscarán un recambio de un presidente achicharrado e indolente.

El reto de Sánchez. Ante la irresponsabilidad de Rajoy de no asumir el debate de investidura, la aceptación del encargo por parte del candidato socialista adquiere valor. Tiene muy difícil conformar una mayoría para gobernar pero el gesto político deja en evidencia al presidente en funciones y le permite tomar la iniciativa. Le corresponde intentar, pese a que la aritmética parlamentaria no juega a su favor, forjar un pacto pensando en España y los españoles y desde la defensa de los valores socialistas.

Un cascarrabias llamado Iglesias. El líder de Podemos no está sabiendo gestionar el capital político que consiguió en las urnas. Enredado en los líos internos con las confluencias y obligado a relegar la agenda social por el peaje al independentismo que anida en sus filas, Pablo Iglesias está ofreciendo una imagen cada vez más antipática, con muestras permanentes de soberbia y malhumor. La rueda de prensa de anoche constituyó un ejemplo de lo que no hay que hacer: tono bronco y acelerado, lenguaje no verbal de crispación, reprimenda sin cuartel al secretario general sin PSOE y poniendo los sillones antes que las políticas. No lleva muy bien el profesor universitario perder la intensidad de los focos mediáticos. En estas negociaciones no le corresponde llevar la batuta.

Oportunidad para Rivera. La espantá de Rajoy le ha dado alas al jefe de Ciudadanos para ocupar posiciones en el terreno de juego. Albert Rivera tiene la ocasión de presentarse como hombre de Estado y posibilitador de acuerdos. No ha desaprovechado el flanco que le ha dejado su rival del PP para golpear en la falta de compromiso con los españoles y su incapacidad para gestionar su victoria electoral. La estrategia de la formación naranja pasa por arrinconar al PP en su soledad y atrapado por la corrupción.

Comienza el partido con Sánchez como mediocentro creativo, encargado de repartir juego, Rivera como enganche, Iglesias como defensa central leñero y un Rajoy que se autoexpulsa. Quedan 30 días para conocer el resultado.

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