¿Tongo?

diciembre 28, 2015

Nuevos partidos, viejos trucos. El empate registrado en la asamblea de la CUP para apoyar o no la investidura de Artur Mas se antoja un puro artificio, una maniobra artera de la dirección para mantener la situación en suspense y arrogarse la decisión última sobre el respaldo o el rechazo al president en funciones. El azar puede producir estas contingencias inverosímiles, pero en política las casualidades no existen. Y estas increíbles tablas a 1.515 votos entre independentistas y anticapitalistas de la CUP, las dos almas que conviven en esta formación, dejan la decisión en manos de la dirección. Ya no serán 3.030 militantes los que decidan, sino sesenta dirigentes los que pongan jefe del Gobierno catalán o fuercen la repetición de las elecciones.

No tenía dudas de que la asamblea iba a ser dirigida por los cabecillas con hilos aparentemente invisibles. Así lo manifesté en este blog hace unos días. La faena ha sido más burda de lo esperado. El resultado final tiene cocina de creación y nos sirve en bandeja de plata un asamblearismo moldeable. Y chirría el camino conducente al empate plagado de preguntas trampas y votaciones kafkianas. ¿No habría sido más fácil decidir sobre dos opciones: sí o no a la investidura de Mas? El complejo sudoku perseguía generar una apariencia de democracia con un final escrito de antemano. El veredicto de la asamblea se muñó entre bambalinas y se revistió de decisión salomónica: fractura en dos mitades. Nadie pierde, nadie gana y el grupúsculo directivo que tiene la batuta de esta orquestada desafinada parte y reparte juego.

La lectura de los líderes de la CUP se sitúa en el esperpento. Su valoración fue en una rueda de prensa sin preguntas. Estos próceres de los nuevos modos tienen vicios de la más añeja política. Anna Gabriel, su portavoz parlamentaria, ha dejado una frase lapidaria que bebe en los galimatías de Groucho Marx: “No podemos dar a ninguna opción por ganadora, como por una parte u otra deseaban algunas partes“. El candidato anticapitalista en el 27-S, Antonio Baños, busca una maquillaje imposible para cubrir la realidad: “El resultado no nuestra división. Es una oportunidad para estudiar nuevas propuestas“. La primera pone el parche antes de que salga el grano y el segundo hace de la necesidad virtud (algo así que somos tan independentistas como anticapitalistas.

Si se pretendía alargar la agonía de Mas, objetivo cumplido. Si se intentaba sacar más tajada de la debilidad y la ansiedad de Junts pel sí por evitar una nueva cita con las urnas, objetivo cumplido. Pero lo más claro de todo es que sesenta dirigentes han cogido la sartén por el mango y tienen en sus manos el futuro de Cataluña.

Foto.– El Periódico de Catalunya. Baños y Gabriel, en el centro, durante la asamblea.

 

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