Vivir dignamente hasta el final

octubre 1, 2015

Mi madre siempre había deseado una muerte rápida y sin dar que hacer a la familia. Y para su bien así sucedió. Hace más de nueve años, sufrió un infarto cerebral e ingresó por urgencias en un hospital sevillano. El diagnóstico fue terrible: el daño causado por el derrame era grande e irreversible. Así nos lo transmitieron dos facultativos a las 24 horas del percance. No había nada que hacer y en el mejor de los escenarios posibles se quedaría postrada en estado vegetal. En presencia de mis hermanos, se me ocurrió sugerir si merecía la pena alargar su existencia de manera artificial. La médica me lanzó una mirada inquisitiva y resolvió que como sanitarios tenían que hacer todo lo que estuviera a su alcance por prolongar una vida deteriorada y sin esperanza. ¡La doctora no la iba quería más que yo! Mi madre ansiaba vivir dignamente hasta el último momento… Por suerte, sólo resistió dos días más en la UCI. El final era el que ella habría soñado.

Me ha asaltado este recuerdo personal viendo cómo un padre y una madre gallegos piden a los pediatras del Hospital Clínico de Santiago que eviten el sufrimiento de su hija Andrea, que padece una enfermedad neurodegenerativa y terminal. ¿Quién va a amarla más que sus progenitores? Sólo piden que la dejen morir tranquila, que tenga un adiós digno sin tanto dolor. Consideran que el ensañamiento terapéutico está alargando su agonía. No desean más calvario para su hija. Los médicos del hospital se niegan a facilitar una muerte digna. Y en esa posición insensible han encontrado el apoyo de la consejera de Sanidad de la Xunta de Galicia, actuando de espaldas a un informe favorable del Comité de Bioética Asistencial para no prolongar más su dramática existencia y también a la ley de derecho a una muerte digna aprobada en julio por el Parlamento gallego a instancias del Grupo Socialista. A los padres no les va quedar más remedio que recurrir a la justicia para que no se siga prolongando mecánicamente la vida de Andrea. “Lo que quiero es que mi hija cierre los ojos, poder despedirnos de ella. Ha llegado al final y no hay más“.

En este país hace falta, como mínimo, una regulación de la muerte digna. En Andalucía se promulgó este derecho un 8 de abril de 2010. En Galicia hace dos meses. En España estuvo a punto de ver la luz en la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero pero la convocatoria anticipada de elecciones lo impidió. Ya no puede esperar más. Casos como el de Andrea han de generar la conciencia colectiva de que todos tenemos el derecho a vivir dignamente hasta el final.

Foto.EFE. Los padres de Andrea atienden a los medios en las puertas del centro hospitalario.

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