Transformismo

agosto 31, 2015

Dice el dicho popular que a la fuerza ahorcan. Y eso es lo que le ha ocurrido a Mariano Rajoy: los varapalos electorales en Andalucía en marzo y en las autonómicas y municipales de mayo lo han obligado a salir del plasma. Su equipo de mercadotecnia nos lo quieren presentar ahora como un hombre cercano, sensible, con vestuario más desenfadado y al pie de la calle. Lo mismo se pega un chapuzón en un río que se toma unas cervezas en un pueblo de su Galicia natal. Por romper hábitos ha salido después de casi cuatro años de enclaustramiento en la Moncloa a cenar en Madrid. Incluso se permite decir a los periodistas que es el rey de las ruedas de prensa cuando sólo se ha acercado a los micrófonos a última hora y por exigencias del guión. El presidente ha vivido dos meses de un cambio de imagen a la fuerza para intentar recuperar el espacio electoral perdido con una gestión cargada de recortes y sufrimiento para la inmensa mayoría, de mucha insensibilidad social y de incumplimientos de la práctica totalidad del programa con que se presentó el Partido Popular. No engañan a nadie con poner en marcha esta nueva estrategia de comunicación que no es más que un ejercicio de transformismo a la desesperada. Es el mismo Rajoy de siempre por mucho que nos lo vistan de ‘seda’ mediática. Estamos ante un lavado de cara como consecuencia de un otoño caliente en la arena electoral. Como escribió Juan Valera, quien no te conozca que te compre.

Foto.Reuters.

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