Irrelevancia

julio 14, 2015

España ha perdido fuerza en Europa. No es una valoración subjetiva, sino un hecho objetivo. Lo reconocen incluso medios de orientación conservadora. Mariano Rajoy está situando al quinto país en la Unión Europea por teórico peso político, económico y demográfico en la irrelevancia. El presidente del Gobierno ha asistido como convidado de piedra a las negociaciones entre las instituciones europeas y Grecia. Ha apostado por la comodidad quedándose bajo la alargada sombra de Angela Merkel, actuando como simple monaguillo que esparce el incienso en los altares del austericidio. ¿A quién sorprende que Rajoy se ponga de perfil y deje hacer? No ha alzado la voz contra unas políticas que se dictan desde Berlín y que se han vuelto a cebar con el pueblo griego, como antes ocurrió con el portugués, el irlandés o el español. Ha demostrado pintar poco en el concierto europeo. Entre los líderes europeos, tan sólo François Hollande y Matteo Renzi han buscado desde la socialdemocracia frenar las ansias revanchistas de un neoliberalismo que campa a sus anchas por el nuevo continente. Al político gallego ni está ni se le espera en estas lides. Una realidad que como español me produce tristeza, sobre todo, por esa manera pusilánime de cruzarse de brazos mientras que el proyecto europeo se resquebraja.

Si el papel casi de extra desempeñado en la crisis griega ya nos escandalizaba, el jarro de agua fría recibido al perder la tan cacareada presidencia del Eurogrupo confirmó el rol testimonial en el tablero europeo en el que ha quedado España. Rajoy y sus altavoces mediáticos habían vendido sin cesar que el ministro de Economía, Luis de Guindos, era el candidato bendecido por Merkel para este organismo europeo. Era la demostración del ‘poderío’ de Rajoy ante Bruselas. A la hora de la verdad, el español se quedó compuesto y sin cargo. España cuenta con menos presencia institucional desde la llegada del PP a la Moncloa. En 2012 perdimos la plaza que teníamos en el Banco Central Europeo y en el reparto de la nueva Comisión cedimos una vicepresidencia que ostentaba Joaquín Almunia a cambio de una cartera de menor peso para Arias Cañete pensando en el ciento volando de la futura Presidencia del Eurogrupo. Al final, todo quedó en nada, Rajoy tropezó y se le cayó el cántaro de leche. ¿Qué hubieran dicho el PP y determinados medios de comunicación si este fiasco le hubiera pasado a Rodríguez Zapatero? Lo habrían despellejado políticamente hablando. Pero esto de Rajoy para algunos no es un fracaso, la culpa es de la oposición. ¡Qué tropa!

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