Condena desprorporcionada

Dos jóvenes van a ingresar en prisión antes del miércoles por haber gastado 850 euros de una tarjeta de crédito robada en 2008. No es la primera vez que salta una noticia de este tipo. Y tampoco es la primera vez que me indigna la contundencia de una sentencia (dos años y cuatro meses de cárcel) por un asunto relativamente menor. Si aplicáramos un fallo en proporción a los que han abusado de las tarjetas black en Bankia, les caerían centenares de años de privación de libertad. No quiero caer en la demagogia. Quien comete un delito, debe pagar por él. Pero la justicia ha de ser justa y equilibrada. Los hechos se remontan a hace siete años, cuando las chicas tenían 21 y 18 años, y no tienen otros antecedentes penales, no han vuelto a delinquir y han abonado las correspondientes indemnizaciones. Unas penas que se podrían sustituir por trabajo para la comunidad y no se les hacía pasar por semejante trance a dos mujeres insertadas en la sociedad, con trabajo y familia. Creo en un sistema de justicia que reinserte, como refleja nuestra Constitución, frente al inflexible modelo carcelario. Viéndolo desde fuera, y en función del reportaje que publica hoy El País, las condenas se me antojan desproporcionadas y su ejecución llega tarde, mucho tiempo después de la comisión de la infracción. Las jóvenes están pendientes del indulto. A ver qué pasa.

Reportaje de El País: A prisión por gastar 800 euros hace siete años con una tarjeta robada.

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