Divorcios

enero 9, 2015

Un divorcio, además de una liberación para el cónyuge que quiere poner tierra de por medio, supone un trance doloroso. Todos los que hemos pasado por ese rubicón conocemos los sinsabores de una separación por muchas expectativas que pueda reportar la nueva vida. Malos rollos, fantasmas resucitados, el catálogo de los agravios, la pelea por la custodia de la prole, la revancha del doliente por la ruptura, el reparto de las migajas patrimoniales… Sin duda, se pasa un mal trago para tomar el nuevo camino que una parte o las dos de común acuerdo han decidido emprender. Éste es el esquema general, el de la gente corriente. Dice el refrán que las penas con pan son menos. En uno de los divorcios más caros de la historia, los protagonista andan a la gresca por cantidades exorbitantes. Sue Ann Arnall, ex esposa del magnate del fracking, Harold Hamm, le ha devuelto un cheque de 975 millones de dólares (825 millones de euros) porque pide más dinero para firmar el acuerdo de separación. Quien la lleva la entiende. Con ese dineral (y lo que consiga rebañar) no tendrá problemas para vivir ni ella ni las tres siguientes generaciones. En cualquier divorcio del pueblo llano se habría impuesto el dicho de ‘coge el dinero y corre’, máxime cuando el empresario no está pasando por su mejor momento en los negocios desde septiembre. La sabiduría popular dice que más vale un mal acuerdo que un buen pleito.

Foto.El País.

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Una respuesta to “Divorcios”

  1. Manolo Says:

    Nada que añadir. Solo afirmar -no por experiencia propia- sino muy próxima que eso es así como lo has escrito. La prole es la que mas lo siente. Pero tambien es verdad que su educación va a ser mas clara ya que recibe información por separado lo que antes se mezclaba ahora no. ¿Es mejor o peor? simplente es una nueva realidad que ahora mas que antes hay que asumir. Si antes la bronca era diaria y compartida, mejor ahora en ese sentido. Los nenes tienen dos casas, los que la tengan, y tambien se aprovecharan de la competencia entre padre y madre que al estar compartiiendo a sus hijos extremaran sus buenas maneras.
    El padre deberá ejercer de autoridad y por eso ser el “antipático” hasta que los nenes sean adultos y reconozcan que esa autoridad bien entendida les ha proporcionado seguridad y disciplina para enfrentarse a la vida. Tambien y no es cuestión de sexos, pueden cambiarse los roles.


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