Divorcios

Un divorcio, además de una liberación para el cónyuge que quiere poner tierra de por medio, supone un trance doloroso. Todos los que hemos pasado por ese rubicón conocemos los sinsabores de una separación por muchas expectativas que pueda reportar la nueva vida. Malos rollos, fantasmas resucitados, el catálogo de los agravios, la pelea por la custodia de la prole, la revancha del doliente por la ruptura, el reparto de las migajas patrimoniales… Sin duda, se pasa un mal trago para tomar el nuevo camino que una parte o las dos de común acuerdo han decidido emprender. Éste es el esquema general, el de la gente corriente. Dice el refrán que las penas con pan son menos. En uno de los divorcios más caros de la historia, los protagonista andan a la gresca por cantidades exorbitantes. Sue Ann Arnall, ex esposa del magnate del fracking, Harold Hamm, le ha devuelto un cheque de 975 millones de dólares (825 millones de euros) porque pide más dinero para firmar el acuerdo de separación. Quien la lleva la entiende. Con ese dineral (y lo que consiga rebañar) no tendrá problemas para vivir ni ella ni las tres siguientes generaciones. En cualquier divorcio del pueblo llano se habría impuesto el dicho de ‘coge el dinero y corre’, máxime cuando el empresario no está pasando por su mejor momento en los negocios desde septiembre. La sabiduría popular dice que más vale un mal acuerdo que un buen pleito.

Foto.El País.