Ángel caído

No soy creyente pero la caída en desgracia de Alberto Ruiz Gallardón me recuerda el pasaje bíblico del ángel caído. Mariano Rajoy ha utilizado al ya ex ministro de Justicia  como ariete contra la progresista ley de plazos del aborto aprobada durante el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y lo ha dejado caer del paraíso conservador por el peso de las encuestas y el previsible castigo del centro ante tanta  reacción en los aledaños del PP. Una respuesta oportunista del presidente del Gobierno y una cabeza de turco después de tensionar a la sociedad española por razones de pura moralina.

Se podía recurrir al enemigo que huye, puente de plata… Pero no. Gallardón ha sido el peor ministro de Justicia de la democracia y en este periodo en el Gobierno ha mostrado su cara más rancia y ultra. Ahí quedan las injustas tasas que diseñan una justicia de primera y de segunda. Su renuncia ha sido un triunfo de las mujeres, de su libertad para decidir sobre su maternidad, y también el fracaso del ex alcalde de Madrid. Ha puesto tanta carne en el asador Gallardón que la desautorización pública de Rajoy no le ha dado más salida que su dimisión. El ex ministro ha quedado achicharrado y su marcha era inevitable, digna pero cantada y sin más vuelta de hoja. El presidente ha sacrificado a uno de sus peones para mejorar sus opciones ante las urnas por razones de cálculo electoral.

Ahora sólo queda que el Gobierno de la nación retire el recurso contra la ley vigente y deje que España sea un país moderno y no de tiempos del Medievo.

Balcón al mar

BALCÓN AL MAR
Odette Alonso

Llego a tus costas
como al reverso menos cruel de la moneda
y tengo todo el tiempo para amarte
aunque el amor no sea más que alguna carta
a veces una espera.
Me desvisto en el muelle
me deslumbro
tiendo mi mano para hallar otra respuesta
y allí estás tú
allí vuelvo a encontrarte
toda tu firma voluntad sobre mis huesos.
La Habana
al otro lado
es una mancha
una extensa muchacha de luces en la espalda
siempre llena de veredas y centauros.
Porque no soy igual a los demás es que te amo
cuando la muerte es una rosa de los vientos
un golpe de suerte
una limpia palmada sobre el hombro.
Porque no soy igual a los demás es que te canto
que asciende mi canción buscando un puerto
un balcón frente al mar
donde dejar mi mano
donde dejar toda mi voz a buen recaudo
sobre el reverso menos cruel de la moneda.

Castigo histórico

La derecha ha castigado históricamente a Andalucía. Esa inercia ha continuado durante la democracia. Primero Aznar y ahora Rajoy. La derecha practica el palo y tentetieso con esta tierra porque no ha conseguido gobernar nunca en la comunidad autónoma ni ha conseguido concitar la confianza de la mayoría de los ciudadanos. Por eso, no tiene disimulo en agraviar y en tomar decisiones para asfixiar financieramente a esta tierra.

La última agresión ha sido con el reparto injusto y arbitrario de la financiación autonómica. En el cuadro, con datos del Ministerio de Hacienda, se comprueba el arbitrario reparto del fondo de cooperación. Un fondo destinado para igualar, para ayudar a la convergencia de las CCAA menos favorecidas, favorece precisamente a las más ricas. El Gobierno de la nación se limita a decir que ha empleado criterios objetivos para el reparto y punto en boca. Cuesta trabajo entender las razones de la distribución de un fondo porque se pervierte el fin que debe perseguir. No se entiende que con el fondo para corregir las desigualdades se agravie a Andalucía para favorecer a otras autonomías gobernadas por el PP y a Cataluña.

Estamos simplemente ante un atropello perpetrado con descaro para perjudicar a esta tierra. ¿Cómo es posible que Andalucía, que cumple con el déficit y tiene un endeudamiento por debajo de la media de las CCAA, se les castigue y, sin embargo, se premie a las que incumplen? Es inaudito, es intolerable, produce indignación que se discrimine a esta comunidad de esta manera por estar gobernada por la izquierda. Estamos ante la misma derecha de siempre. La misma que históricamente ha castigado a Andalucía porque no vota a la derecha. Ya lo hizo Aznar cuando dejó de reconocer la financiación de 400.000 andaluces y ahora lo está haciendo Rajoy con tijeretazos al bienestar y otorgando una financiación insuficiente. Esta derecha rancia y estéril quiere frenar a la Junta porque es un testigo incómodo de que otra política es posible. No quiere que ni despegue ni destaque. Y por eso el PP y Rajoy no dejan de poner zancadillas.

Salvajada

La brutalidad no se puede tolerar en las sociedades civilizadas. Cuesta digerir un año más el triste y cruento espectáculo del Toro de la Vega, en Tordesillas (Valladolid). Tanta crueldad, tanta saña, tanto sadismo resultan insoportables. No podemos permanecer impasibles ante una salvajada propia de la Edad Media e incompatible con el siglo XXI. No se puede defender la violencia desmedida contra un animal con el débil argumento de la costumbre. Muchas costumbres ancestrales han ido desapareciendo con la evolución social y cultural de los seres humanos. ¿O no han quedado como vestigio de un pasado tétrico la esclavitud o el derecho de pernada? Se ha de encarar un debate serio (y que no acabe como ayer a pedradas entre detractores y defensores de esta sanguinaria fiesta) que ponga fin a este espectáculo salvaje que proyecta hacia el exterior una imagen de España bárbara y distorsionada. Alguien tiene que ponerle con urgencia el cascabel al gato. La Administración competente no puede seguir mirando hacia otro lado.

Ganadores y perdedores

Están que trinan la derecha política y sus altavoces con el primer aniversario de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía. El Partido Popular montó deprisa y corriendo una reunión de un puñado de cuadros directivos para contraprogramar un mitin del PSOE de Andalucía con más de 4.000 personas. No han encajado bien esta nueva demostración de fuerza y movilización. Especialmente con el último referente del PP en esa misma instalación en la campaña de las elecciones europeas: pinchazo en toda regla, retirada de sillas vacías y sólo unos 500 asistentes al acto de Mariano Rajoy. No hace falta comparar. A ver cuándo la oposición convoca a tanta gente en esta comunidad autónoma.

Se encuentran en la derecha entre el desconcierto ante un liderazgo político del PP andaluz que no despunta y que preferirían descambiar y la rabia por la fuerza y la consolidación de la referente socialista. Un escenario negro y sin perspectivas de mejora: alguno no da más que para leer lo que le escriben los asesores, no es más que una mala copia del referente de la gaviota en Andalucía en las dos últimas décadas. Como diría un amigo, no es más que Arenas en distinto costal, pero un costal de inferior calidad política. Ante la falta de fuste de la alternativa conservadora, la derecha en su conjunto se ha tirado al monte y ha puesto en marcha una estrategia a la desesperada para crispar la vida política. La reflexión interna salta a la vista: ya que el mío no va a ganar, vamos a intentar con todos los medios posibles desgastar al adversario.  En fin, la táctica de los perdedores.