Salvajada

La brutalidad no se puede tolerar en las sociedades civilizadas. Cuesta digerir un año más el triste y cruento espectáculo del Toro de la Vega, en Tordesillas (Valladolid). Tanta crueldad, tanta saña, tanto sadismo resultan insoportables. No podemos permanecer impasibles ante una salvajada propia de la Edad Media e incompatible con el siglo XXI. No se puede defender la violencia desmedida contra un animal con el débil argumento de la costumbre. Muchas costumbres ancestrales han ido desapareciendo con la evolución social y cultural de los seres humanos. ¿O no han quedado como vestigio de un pasado tétrico la esclavitud o el derecho de pernada? Se ha de encarar un debate serio (y que no acabe como ayer a pedradas entre detractores y defensores de esta sanguinaria fiesta) que ponga fin a este espectáculo salvaje que proyecta hacia el exterior una imagen de España bárbara y distorsionada. Alguien tiene que ponerle con urgencia el cascabel al gato. La Administración competente no puede seguir mirando hacia otro lado.