Se va antes de que la echen

Ana Botella ha anunciado su renuncia a repetir como alcaldesa de Madrid un minuto antes de que la echaran. Su calamitosa gestión había encendido las alarmas en los cuarteles generales del PP. Todas las encuestas certificaban su eventual derrota en caso de liderar la candidatura popular. El desfile de carteles alternativos era clamoroso: que si Esperanza Aguirre, que si Cristina Cifuentes, que si Soraya Sáenz de Santamaría. El ruido interno era ensordecedor ante un ambiente para nada ‘relaxing’ en las filas de la gaviota. Su suerte estaba echada porque la derrota de Madrid supondría un varapalo de los grandes para un PP afanado en dar un golpe de mano antidemocrático con una reforma electoral que busca aminorar sus daños en la inminente cita con las urnas.

Desde la sede nacional de la madrileña calle Génova le han diseñado una cuidada escenografía de retirada y nos quieren hacer creer que se va por decisión propia. No quedaba otra que preparar un simulacro. Por ser quién es, por los tentáculos alargados de José María Aznar o porque su salida por decisión política sería tanto como admitir el nefasto legado que deja en la ciudad. A una mala gestora se le ha ofrecido una salida digna. Para nada es una renuncia por sorpresa. El cambio de Botella estaba cantado… y decidido. Rajoy no pensaba arriesgar una debacle en Madrid. Por tanto, forzada jugada de ajedrez del PP para intentar frenar la sangría de votos en la capital de España.