¿Nadie quiere ganar la Liga?

Con los 35 grados a la sombra que derretían Sevilla en la tarde de ayer, la mejor opción era quedarse en casa para ver el desenlace de la penúltima jornada de Liga. Conocida la alineación que presentaba en Getafe mi equipo, el Sevilla FC, con muchos suplentes y canteranos, pensando en la final de la Europa League en Turín frente el Benfica, me decanté por un zapping entre los que se jugaban el campeonato. Me dio la sensación de que ninguno de los aspirantes quiso o supo ganar la Liga o mejorar sus opciones. Los tres de arriba, Atlético, Barcelona y Real Madrid, han llegado fundidos a la recta final, como sin creer en sus posibilidades.

Quizá el más entonado fue el equipo de Simeone, aunque a mucha distancia del plantel que ha deslumbrado esta temporada. Se mereció la victoria por oportunidades pero los porteros rivales también juegan. Caballero salvó al Málaga en el Calderón y le garantizó la permanencia matemática. Más con corazón que con juego, el Atlético pudo sentenciar la Liga. Se quedó a un gol de entonar el alirón. Sigue dependiendo de sí mismo en una última jornada en que el título se decide a un partido en el Camp Nou.

El Barça no pasó del empate en Elche con un juego espeso, lento y muy previsible que facilitó la labor de la defensa local. Esta desfondado el club blaugrana, con un Messi desconocido, apático y sin chispa, con los jugones sin apenas desborde, sin velocidad y con un ritmo cansino, y un entrenador haciendo las maletas. Se la juegan todo a una carta en su estadio. Sólo les vale la victoria ante el Atlético y salvarán un campeonato donde han rendido por debajo de sus posibilidades, sobre todo en el último tercio liguero.

Lo del Real Madrid se puede calificar de suicidio. Con un calendario asequible, ha cosechado sólo dos de los últimos nueve puntos en juego. Después del vendaval de fútbol en la vuelta de semifinales de la Champions ante el Bayern de Múnich, los merengues se han puesto a pensar en la décima y se han olvidado de que la Liga seguía a su alcance. Ayer se borró en Balaídos, tirando la toalla sin aguardar siquiera el fallo de los rivales… Y éste se produjo pero los de Ancelotti tenían la cabeza en la final de Lisboa y dieron el tercer petardazo consecutivo en su visita a Vigo.