Creer en la política

“Yo no voy a dejar de creer en la música porque haya algunos músicos que desafinan. Simplemente, no tocaré con ellos. Hagan ustedes lo mismo con los políticos que utilizan de una forma indecente la política, denúncienlos. No son uno de los suyos. Ésos son los enemigos del pueblo”.

De esta manera tan gráfica, Miguel Ríos hacía un alegato a favor de la política, de la política honesta y útil para los intereses de los ciudadanos, y su rechazo frontal hacia los desalmados que se aproximan a lo público para su lucro personal. Estas palabras pronunciadas en su discurso como hijo predilecto de Andalucía buscan combatir el desapego de la sociedad hacia la política. Los casos de corrupción nos abochornan a todos y hay que cortarlos de raíz. Tolerancia cero ante los que se intentan beneficiar de lo que es de todos.  Ésa ha de ser una tarea colectiva y donde todos los partidos políticos se tendrían que poner de acuerdo con urgencia. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, lleva pidiendo seis meses un pacto nacional por la regeneración política, una propuesta sensata y necesaria que sigue sin respuesta. Sin embargo, no hay que perder la referencia de que la inmensa mayoría de los representantes públicos son (o somos) gente honrada, trabajadora y comprometida. Sólo una minoría mancha al conjunto y aleja a la gente de la política. Siguiendo la metáfora del rockero granadino, si unos cuantos nos decepcionan, lo que hay que hacer es apartarlos sin contemplaciones de la esfera pública y hacer que paguen por su mal ejemplo y su comportamiento inmoral. Y no por ello hay que dejar de creer en la buena política, que es el instrumento imprescindible para avanzar hacia una sociedad más justa presidida por la igualdad.