Falsa equidistancia

julio 13, 2013

El Gobierno de la nación ha aprobado una reforma del sistema eléctrico para intentar paliar el déficit de tarifa (la diferencia entre que cuesta la producción y distribución de la energía y los ingresos de las empresas eléctricas) que no ha contentado a nadie. A los consumidores nos subirán el recibo un 3,2% más, otro nuevo golpe a las maltrechas economías familiares, mientras que las compañías, que reivindicaban una medida aún más favorable a sus intereses, han mostrado su disconformidad anunciando despidos y de propina han cosechado un importante batacazo en la Bolsa. Esta decisión hipotéticamente salomónica grava los bolsillos de los usuarios y se traducirá, si las empresas cumplen su amenaza, en el despido de cientos o miles de empleados. Me suena impostado el enfado de las compañías: esta pose airada no sería más que una coartada para acometer un expediente de regulación de empleo. Podrán aligerar sus plantillas y, por tanto, reducir sus costes laborales con esta excusa. Y en realidad los consumidores seguiremos soportando la mayor carga del reparto del déficit.

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