Satisfacción injustificada

Me han contado esta mañana una demostración de fuerza de un empresario blandiendo la reforma laboral que me ha puesto los pelos como escarpias. El patrón (o negrero) le exige a un trabajador que firme un documento admitiendo que se ha tomado las vacaciones sin haberlas disfrutado, ni siquiera se las abona, y a las pocas semanas lo pone de patitas en la calle aduciendo reducción de ingresos. A estos abusos están sometidos los trabajadores desde que el Gobierno del PP aprobó una reforma laboral que los ha dejado a la intemperie, con el despido casi gratuito y que ha destrozado el equilibrio de las relaciones laborales en beneficio del empresario. Me entero de este triste episodio el mismo día que todos los periódicos recogen la satisfacción de Mariano Rajoy por los resultados que está dando la reforma laboral. Los datos no soportan este triunfalismo del inquilino de la Moncloa: desde que entró en vigor la norma, hay más de un millón de parados más y varios millones de trabajadores españoles están en riesgo de perder la protección de su convenio colectivo. Eso sin contar otros derechos arrebatados y la espada de Damocles que se cierne contra el obrero que ose alzar la voz ante las injusticias y los abusos. Escuchando a Rajoy da, por tanto, la sensación de que vive en una burbuja o en otro planeta. Esa autocomplacencia llega a ofender.