Un año como espejo

El Gobierno de Andalucía, surgido de las últimas elecciones autonómicas, cumple hoy su primer año. Ha sido un periodo difícil, complicado, en el que esta tierra se ha manifestado como referente de que existe otra forma para salir de la crisis. El Gobierno andaluz, de coalición entre PSOE e IU, ha sabido llevar la iniciativa y tomar decisiones con valentía, con audacia, de forma pionera, dentro de las limitaciones presupuestarias, lo que el presidente Griñán ha definido como la “dictadura de la austeridad”. En esta comunidad se ha situado en el centro de la acción política a las personas. Es decir, se ha priorizado la lucha contra el desempleo, la protección de las personas en riesgo de exclusión y la defensa de los servicios públicos y los derechos ciudadanos. Para ello, la Junta ha trazado un camino propio y ha sido capaz de poner un muro de contención ante los recortes y la insensibilidad del Gobierno de la nación.

El Ejecutivo que preside Griñán no se ha resignado, ha dado la cara (no se ha escondido detrás de un plasma), está cumpliendo lo que prometió, ha gestionado a través del diálogo y el pacto y no se ha doblegado ante las presiones de los poderes fácticos. El contexto socioeconómico es duro, con una tasa de paro insoportable cuando antes de la crisis se alcanzaba los mejores indicadores de empleo de nuestra historia, y por tanto no se da por satisfecho. Pero en lugar de bajar los brazos, como hacen otros,  se ha rebelado contra el pensamiento único neoliberal y se moviliza por demostrar que es posible otra política radicalmente distinta a la que marca el fundamentalismo de los mercados.