Letra pequeña con sorpresas

La letra pequeña siempre depara sorpresas… habitualmente desagradables. El Programa de Estabilidad 2013-2016, el nuevo catálogo de recortes y la revisión a la baja de las previsiones económicas aprobados el viernes por el Gobierno de la nación y entregado a Bruselas días después, tenía algún que otro gato encerrado en la letra pequeña. Huelga decir que faltó transparencia en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros. No se puede tomar por tonto al ciudadano y ocultar tijeretazos que tendrán incidencia directa en la vida de la gente y que, más pronto que tarde, se acaban conociendo.

La tasa de paro se mantendrán por encima del 25% hasta 2016. Ni a finales de 2013, con sostenían, ni en 2014, como corrigieron después, ni tan siquiera en 2015 ni 2016. ¡Cuán largo me lo fiais, amigo Sancho! Un retraso insoportable a la esperanza de muchos españoles de encontrar un puesto de trabajo. Se pierde toda esta legislatura y un año de la siguiente, dando por hecho que Mariano Rajoy no adelantará elecciones. Cuenta con una holgada mayoría y confía en que la recta final se empiecen a ver síntomas, aunque sean modestos, de recuperación. Eso sí, esperará cruzado de brazos a que escampe, sin mover un ápice su política económica fracasada y pidiendo paciencia a los españoles como único argumento.

Decían que no iban a subir impuestos. El propio presidente empeñó su palabra en los días previos a la aprobación de este nuevo paquete de poda del estado del bienestar. En la rueda de prensa del viernes, el ministro de Hacienda ya comunicó la extensión a 2014 del incremento temporal del IRPF, cuando estaba previsto sólo para los ejercicios de 2012 y 2013, y la creación de nuevos tributos medioambientales. Sin embargo, el Programa de Estabilidad incluye también la prórroga sin fecha concreta de reversión de los incrementos del impuesto de sociedad y del impuesto de bienes inmuebles (IBI). Entre tanto dato negativo y malos augurios, el Gobierno pasó de puntillas sobre este nuevo tirón tributario.

Y, por si no fuera suficiente, se habían dejado en el tintero un recorte de 3.000 millones, con el que se quiere dar un rejonazo de muerte a la ley de dependencia. Sorprendente olvido: esa cantidad no es precisamente calderilla. Dijo Rajoy en las vísperas de las elecciones generales que la dependencia no era viable y parece que se está afanando en hacer realidad sus deseos de demoler el cuarto pilar del estado del bienestar.