Resignación y paciencia

Escuchar a Mariano Rajoy pedir paciencia a los ciudadanos en esta situación de emergencia social produce bochorno. Sus palabras destilan una insoportable insensibilidad y un profundo desconocimiento del sufrimiento de cientos de miles de familias. Ha tardado el presidente del Gobierno más de 72 horas en valorar el dramático dato del paro en nuestro país. 6.202.700 dramas personales a los que no tenía nada que decir y a los que sólo ofrece resignación y obstinación en el error, o en el mejor de los casos el eufemismo de la “movilidad exterior” (vulgo emigración). La rueda de prensa tras el último Consejo de Ministros supone una demostración de impotencia y de falta de coraje. La respuesta ante las alarmantes cifras del desempleo sólo genera desesperanza y una claudicación en toda regla ante la obligación de cambiar las cosas desde la política.

Todo muy característico de la idiosincrasia de Rajoy: esperar y dejar que el tiempo o las circunstancias resuelva los problemas. Quizá el presidente se pueda cruzar de brazos y aguardar a que el viento cambie el rumbo de la cruda realidad, pero los españoles no. Rendirse a los designios de instituciones no elegidas democráticamente y no cambiar una política económica que produce recesión y paro suponen abundar en el camino del fracaso. El inquilino de la Moncloa da por perdida la legislatura: después de cuatro años habrá un millón más de parados que en 2011 y un sinfín de recortes, innumerables derechos eliminados, una sociedad menos justa y más desigual. Llegó con la promesa de que con el PP bajaría el paro y se saldría de la crisis. Dieciséis meses más tarde, la previsión no muy ser más aterradora. El PP ya está gestionando su propia herencia.

Ante un horizonte tan negro, Rajoy entona un desesperante déjalo estar. Para The Beatles su Let it be fue el colofón de una década de éxito, para el político gallego representa el canto del cisne tras un monumental engaño electoral. España no necesita pasividad, sino energía y políticas de crecimiento. Y un líder que sea capaz de dar la cara y generar una ilusión colectiva sobre argumentos sólidos. Sin embargo, ni una cosa ni otra.

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