Ley del silencio

marzo 29, 2013

Ni el Gobierno ni el partido que preside Mariano Rajoy constituyen ejemplos de transparencia. Lo de dar explicaciones y dar la cara no entran  en su manual de gestión de la cosa pública. Algunos episodios recientes que avalan esta teoría de la ley del silencio:

  • Reunión reservada entre Rajoy y el presidente catalán, Artur Mas, en el Palacio de la Moncloa. Habida cuenta la coyuntura política actual, con el debate soberanista y los problemas financieros de esta comunidad, más que nunca se hacían necesarios la luz y los taquígrafos. Ni siquiera se emitió una triste nota de prensa. No son tiempos para encuentros clandestinos.
  • Corrección por parte de Eurostat, el departamento estadístico de la Unión Europeo, de la cifra de déficit de España al cierre de 2012. El organismo europeo rectifica el dato aportado por el Gobierno de la nación y lo sube del 6,74% al 6,98% del producto interior bruto, unos 2.500 millones más de desfase entre gastos e ingresos. Con lo que representa este maquillaje para el prestigio del país, un tanto ya resentido, nadie del Ejecutivo se ha apresurado a ofrecer una explicación.
  • Mariano Rajoy lleva más de un mes sin reunir a los órganos de su partido y sin ofrecer una rueda de prensa. Desde aquella estrambótica comparecencia ante los medios a través de un plasma y las dos preguntas respondidas al día siguiente ante la mirada atenta de Merkel en Berlín, el presidente no se ha sometido al escrutinio de los periodistas. Y no será porque no haya asuntos sobre los que sería importante conocer su opinión. Tampoco se ha prodigado Rajoy en entrevistas. Posiblemente esté evitando la quema del culebrón Bárcenas/Gürtel.
  • En el Partido Popular se han suspendido las ruedas de prensa de los lunes. La versión oficial: no se han celebrado reuniones de los órganos directivos. Lo cierto es que desde que María Dolores de Cospedal nos vendió, para el asombro y la diversión general, la especie del finiquito en diferido de Bárcenas se apagó la luz en la sala de prensa de la sede nacional del PP. Todas las comparecencias de sus dirigentes se han producido en actos sin posibilidad de preguntas de los reporteros.
  • El Gobierno ha emprendido una carrera de innovación en las comparecencias informativas. Escuché en la Cadena Ser a comienzo de esta semana que una secretaria de Estado (no recuerdo quién) hizo una declaración institucional sin opción a preguntas por parte de los periodistas y, luego con cámaras y grabadoras cerradas, ofreció aclaraciones a las dudas. Es más fácil expresarse sin que quede huella audiovisual, que posteriormente se pueden volver en su contra.
  • A los miembros del gobierno no les queda más remedio que comparecer en las Cortes Generales. El reglamento obliga. Sin embargo, la ministra de Sanidad, Ana Mato, también presuntamente salpicada por las correrías de la Gürtel, se las ha ingeniado para burlar el control de la oposición en su comisión parlamentaria: ha tardado un año en acudir a esa cita con sus responsabilidades democráticas.
  • El abuso del decreto-ley como técnica para hurtar el debate parlamentario. Así le ponen sordina a la democracia apelando a razones de urgencia y extrema necesidad. Uno de los últimos para reformar de espaldas al Pacto de Toledo elementos del sistema público de pensiones.
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