La velocidad y el tocino

marzo 20, 2013

Llevar las cosas al extremo nos conduce irremediablemente a situaciones esperpénticas. La austeridad a ultranza (o el austericidio) que pregona el pensamiento único dominante de derecha está protagonizando episodios sonrojantes y de una insensibilidad palmaria. Para llorar si no fuera porque no podemos perder ni un segundo en la defensa de nuestros derechos y nuestras libertades individuales y colectivas. La última ocurrencia del Ministerio de Hacienda ha sido vincular los fondos para formación del personal sanitario especialista en transplantes de órganos a la consecución de los objetivos del déficit por parte las autonomías. Una decisión que relega un derecho fundamental como el de la salud al mantra neoliberal de la consolidación fiscal, es decir, que se antepone la contabilidad a las personas. Por un décima de déficit un ciudadano que se está jugando la vida a la espera de un órgano se puede encontrar en inferioridad de condiciones en función de la comunidad en que resida. Es imprescindible controlar el gasto público, mirar por el destino de hasta el último euro que sale de los bolsillos de los contribuyentes, ahora que estamos en crisis y siempre, pero la salud no se puede quedar al albur de un apunte contable. Llegar a este extremo es tanto como confundir la velocidad con el tocino…. para desgracia de los ciudadanos.

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