El ingenio de Forges

marzo 1, 2013

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El director de informativos de la Cadena Ser, Antonio Hernández Rodicio, aludía en su comentario semanal a que este medio llevaba catorce semanas sin poder preguntar a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministro. Desde el mes de noviembre no les conceden la palabra a los periodistas de esta cabecera en la tradicional comparecencia de los viernes. Como hoy toca de nuevo, después de la denuncia de Rodicio, los reporteros de la SER destacados al Palacio de la Moncloa quizá tengan la fortuna de recibir el plácet para interpelar a la vicepresidenta o cualquiera de los ministros comparecientes. El protocolo en las ruedas de prensa en la Moncloa es muy estricto: nadie puede preguntar sin estar autorizado, tiene que esperar a recibir el micrófono por parte de la organización (el gabinete de comunicación da o quita la palabra sin un criterio objetivo) y no se puede repreguntar. En su favor juega que el número de periodistas acreditados es muy importante. Ahora bien, a la hora de distribuir los turnos se percibe una cierta tendencia a silenciar a los medios que se consideran más críticos o incómodos con el Gobierno de Rajoy. A las ruedas les ponen filtro en un intento de hacerlas más llevaderas.

En Andalucía, por el contrario, en las ruedas de prensa tras el Consejo de Gobierno de la Junta, no hay límites ni cortapisas. Todos los periodistas preguntan lo que quieren, las veces que sean necesarias y con las repreguntas que estimen oportunas para aclarar cualquier asunto. No se pone punto final hasta que a la apelación a “más preguntas” el auditorio permanece en silencio. Nadie controla la ronda de interpelaciones, son los mismos periodistas quienes se dan la vez unos a otros. A veces esa libertad total que impera en la sala de prensa del Palacio de San Telmo hace que la comparecencia pueda resultar un poco caótica para aquellos que la siguen por la radio pública o por la retransmisión en streaming a través del portal de la Junta de Andalucía. Las diferencias entre los dos modelos son evidentes. Me quedo con el segundo: total transparencia y se garantiza la labor del periodismo.