Caligrafía

Cuando éramos pequeños mi padre nos obligaba a mis hermanos y mí a hacer caligrafía. Cumplimentamos decenas de cuadernillos de Rubio (esos de cubierta de color verde claro) como actividad extraescolar en nuestra casa. Era una tarea ineludible, monótona, casi desagradable. Mi progenitor nos puntuaba el ejercicio y, en función de la nota cosechada, pasábamos al nivel superior o repetíamos el mismo número. Y bien que nos esmeramos en mejorar nuestra letra para acabar con ese recargo educativo, con esa tortura entre comillas. Recordaba esta vivencia personal observando como Mariano Rajoy volvía a tropezarse con la piedra de su mala escritura. Ya le pasó hace un par de años en una entrevista en Veo7 donde no atinaba a interpretar sus notas y ayer repitió el episodio en la recepción a la selección española de balonmano, flamante campeona del mundo (en este vídeo de El Intermedio se oye nítidamente: a partir del minuto 6). Más allá de la anécdota, me llamó la atención el rictus de preocupación del presidente, su gesto atribulado, la imagen de inseguridad y de cierta apatía que transmitía. No estaba en eso, daba la impresión de que cumplía con desgana con los rigores de su agenda institucional, tanto que se refirió (otro lapsus) a la selección de fútbol cuando estaba con los componentes de la de balonmano.

PD.– Tanto han cambiado los tiempos que los cuadernillos Rubio ya tienen una aplicación para tabletas. Reciclarse o morir.