Báñez, contra las cuerdas

Es difícil decir cuál es el peor ministro del Gobierno de Rajoy. La competición está muy reñida: hay aspirantes que hacen gala de bravuconería (Wert), otros que se han despojado la piel de cordero para poner en marcha medidas dañinas (Gallardón), otros que tiran de amenazas y están en una carrera destructiva alarmante (Ana Mato), otros que promulgan medidas contraproducentes y retuercen el diccionario buscando eufemismos (Montoro), otros que se han cruzado de brazos y apenas se les conoce una decisión en un año (Pedro Morenés)… Sin duda, el culmen de la incompetencia y de la incapacidad se concentra en la ministra de Empleo, Fátima Báñez. No sólo por ser autora de una reforma laboral perjudicial para los trabajadores, que ha aumentado en 800.000 los parados en un año y que quiebra nuestro marco de convivencia, no sólo por la ausencia de soluciones y encomendar la salida de la crisis a la Virgen del Rocío, no sólo por la catarata de declaraciones sin sentido, ya sean propias o de su equipo, no sólo por los recortes drásticos en las políticas activas de empleo bajando los brazos ante la principal preocupación de los españoles… Este catálogo de despropósitos hace un todo insoportable. En la última sesión de control del Congreso, la diputada socialista Patricia Hernández le sacó los colores y la enfrentó ante el espejo de su nefasta gestión. Báñez está contra las cuerdas. Es vox populi: Rajoy la tiene en la lista de relevos ante una inminente crisis de gobierno que busque remontar la pérdida de imagen y credibilidad durante estos últimos doce meses calamitosos.