El síndrome del sheriff

No es el único que tira de bravuconería en el Gobierno de Rajoy, pero posiblemente es el que lo hace de manera más burda, más artera, más espasmódica. Cristóbal Montoro pretende funcionar a la voz de ‘ar’ y, por suerte, nos protege un estado social y democrático de derecho. El ministro sufre el síndrome del sheriff en el viejo far west haciendo relucir su estrella y tirando de revólver (dialéctico y administrativo) a las primeras de cambio. Ora a los medios de comunicación que osan ejercer la libertad de expresión, ora a las comunidades autónomas que encarnan un modelo político distinto. Sus amenazas resultan de todo punto inaceptable, y especialmente para con Andalucía. Las bravatas de Montoro sólo persiguen desviar la atención, poniendo injustamente el foco en esta comunidad para tapar las vergüenzas del PP por el incumplimiento de los objetivos de déficit bien en la administración central o en otras autonomías donde gobiernan.

¿Por qué señala a Andalucía cuando, con los datos oficiales en la mano, cumple al tercer trimestre los objetivos de déficit y tiene la deuda por habitante más baja, junto con Canarias, de todas las comunidades? Y lo consigue a pesar de los pesares, sorteando una carrera de obstáculos interminables que se ponen desde el  Ministerio de Hacienda. Si el Gobierno de la nación diera a Andalucía todo lo que le corresponde por derecho, ésta cumpliría con creces el objetivo leonino impuesto a las CCAA (tres veces y media más exigente que la que se reserva para sí el Ejecutivo de Rajoy, pese a que las autonomías gestionan sanidad, educación y dependencia). Sólo reconocimiento de la deuda reconocida por la no inversión de las cantidades que se establecen en el Estatuto de Autonomía (1.504 millones de euros en 2008 y 2009) bastaría para sacar la mejor nota de la clase. O también con una aplicación correcta del sistema de financiación, que birla a esta tierra 1.000 millones anuales. Con este panorama, no caben las amenazas y sí más respeto a la ley.

Con lo que se conoce hasta la fecha, está claro que el déficit de Andalucía estará por debajo de la media nacional. Y esos ministros que pisotean la necesaria lealtad institucional entre administraciones tendrán que explicar en cambio por qué la Administración General del Estado sobrepasa, y con mucho, sus límites de déficit. Y eso que se quedaron íntegramente con el punto más de flexibilidad que concedió la Unión Europea. Resulta llamativo que los que no cumplen den lecciones. Llamativo que se suba el IVA y el Gobierno central se quede con toda la recaudación pese a lo recogido en el sistema de financiación, que es el reparto al 50% entre Estado y CCAA. Llamativo que el Gobierno busque un atajo legal para quitar el impuesto autonómico a los bancos, un favor a los bancos que se traduce en pérdida de ingresos para las autonomías que ya disponían de ese gravamen.

Son sólo unos ejemplos, pero hay más. No es de recibo que se bloqueen vías de ingresos a Andalucía y luego se viertan amenazas injustificadas cuando se ponen todos los obstáculos posibles para un gobierno que defiende otro proyecto y otra forma de salir de la crisis sin producir una fractura social de consecuencias incalculables. El Gobierno y el PP sólo quieren que todos hagan lo mismo que ellos hacen para legitimar sus recortes brutales. La Junta de Andalucía tiene una hoja de ruta radicalmente distinta. El programa de este gobierno apuesta por la educación y la sanidad públicas, por el mantenimiento del empleo público, por la protección social y la ley de dependencia… Y esa realidad es la que no le gusta ni al Gobierno de la nación ni a la derecha en su conjunto porque demuestra que sus recortes se deben más a su ideología que a la siempre necesaria contención del gasto y más en momentos de crisis.