Zoido y la lección ciudadana

Al drama social de los desahucios casi todos hemos llegado tarde. Instituciones, partidos, jueces y, por supuesto, las entidades financieras. A éstas últimas, los suicidios les han removido la conciencia y acaban de anunciar que paralizan los desalojos en caso de extrema necesidad. Un primer paso, corto y posiblemente insuficiente Se echa en falta mucho más y, sobre todo, que entonen el mea culpa por su codicia sin límite: ese afán de captar dinero propició la concesión de hipotecas a insolventes. Las palabras del presidente del Banco Popular, Ángel Ron, se han de entender como un aviso para que la modificación de la ley hipotecaria sea limitada y no reduzca en demasía el festín que se están dando estas entidades a costa de los ciudadanos.

Lo dicho: la inmensa mayoría se aproxima con retraso y cierto propósito de enmienda a este debate primordial y de máxima preocupación para la sociedad española. Si alguien ha tardado en reaccionar ante esta realidad, éste ha sido el alcalde de Sevilla y jefe de la oposición en Andalucía, Juan Ignacio Zoido. En el mes de octubre, hace apenas quince días, votó en contra de una batería de medidas planteadas por el grupo socialista para atenuar la crueldad de los desahucios en la capital andaluza. Pero esa negativa no es nueva, viene de lejos. Así, ha ido bloqueando en el consistorio cualquier iniciativa de la oposición desde hace meses para mejorar la situación a familias que lo estaban pasando mal ante la amenaza de perder su hogar. Además del veto a las propuestas de otros grupos políticos, desde el Ayuntamiento se seguían enviando cartas intimidatorias a los sevillanos con impagos y activando las consiguientes causas judiciales. Gestión municipal con anteojeras para ignorar la evidencia.

Ahora, en un tiempo récord, Zoido ha cambiado de posición, se rectifica a sí mismo y anuncia la paralización de ejecuciones hipotecarias en viviendas de la empresa municipal. Bienvenido sea ese cambio de postura de forma tan súbita (por no calificarla de oportunista). No todo el mundo responde con la misma celeridad y sensibilidad al clamor social contra los desahucios, algunos necesitan más tiempo o un tirón de orejas para percatarse. A Zoido le ha costado entender el sufrimiento de muchas familias ante el abismo de un desalojo. El último suicidio de Barakaldo ha sido, sin duda, la espoleta para este vertiginoso volantazo.

Podremos apelar al refrán de más vale tarde que nunca. Lo cierto es que la ciudadanía nos ha tirado del ronzal y nos ha dado una soberana lección a casi todos. Que este toque de atención no caiga en saco roto y estemos a la altura ante otros asuntos candentes que están sobre la mesa.

Foto.ABC.