Añorando a Torrebruno

Esta mañana TVE nos ha obsequiado con un pintoresco desayuno: la intervención íntegra y en directo del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en la escuela de verano del Partido Popular ¡a través de La 1!. Más de media hora de discurso del responsable de las finanzas españolas para atizar a Zapatero y agitar el espantajo de la herencia recibida. Un exceso, un abuso, un despropósito en un horario inapropiado para tales jugarretas políticas. ¡Qué diferencia con las parrillas de mi infancia! Las matinales del sábado eran de Torrebruno y sus canciones ñoñas, de Leticia Sabater y sus tigres y sus leones, de La bola de cristal y la bruja Avería

Más allá de estas añoranzas de una programación de servicio público para los peques (los rectores de la cadena dirán que ahora Clan atiende a ese perfil de la audiencia), se me antoja muy forzada la emisión en directo de un insustancial acto de un partido político mientras se esconde la gran movilización social contra los recortes de Mariano Rajoy. Me da igual que el coste haya sido cero euros porque la señal la haya facilitado el PP, se trataba de un acontecimiento político de menor relevancia y de escaso valor informativo cuando el foco de la actualidad estaba en las calles de Madrid. Un atropello en toda regla de un medio público que vuelve a ser un juguete en las manos del poder ejecutivo pepero (¡Ay aquellos tiempos de manipulación con Urdaci!).

El Gobierno de Rajoy ha dado órdenes para explotar las posibilidades propagandísticas de RTVE, una pieza más a añadir al universo mediático al servicio de la derecha política, ya de por sí muy nutrido de cabeceras privadas que se disputan el favor y las deferencias de la Moncloa (Pedro J. Ramírez anda celoso y encabritado por los devaneos de Mariano con ABC). Son tantos medios ya remando en la misma dirección (desinformativa y aduladora) que producirá saturación su machacona visión monocorde. No estaba necesitado Rajoy de más altavoces para distorsionar la realidad y confundir a la opinión pública. Cuanto más, mejor, dirá el presidente, en ese afán de inocular el pensamiento único urbi et orbi. Una sociedad que, por suerte, cuenta con el espacio de libertad de las redes sociales.

Intuyo que el objetivo último para la cadena pública es conducirla al desguace del desprestigio. El Partido Popular usará a RTVE hasta consumirla en la depresión económica y en la pérdida más absoluta de audiencia y credibilidad. Al igual que el jefe de filas de un equipo ciclista pone a tirar a un gregario del pelotón hasta que revienta y, una vez cumplida la encomienda, se aparta a la cuneta desfondado y sin aliento, el Ejecutivo está dispuesto a exprimir a la cadena al máximo para, a continuación, o privatizarla o cerrarla. Total no les duele: no creen en los medios públicos pero los utilizan sin pudor para desplegar sus estrategias espurias. Como Maquiavelo, lo importante es el fin y para ello vale cualquier medio… Incluso dilapidar y manosear lo público, que es patrimonio de todos.