Los silencios amenazantes de Rajoy

Mariano Rajoy no despejó casi ninguna duda en su entrevista de anoche en TVE. Sí incrementó la incertidumbre de la ciudadanía al no responder a algunas preguntas fundamentales. Si su objetivo era tranquilizar a la población española, no lo consiguió. Dibujó si cabe un panorama más incierto. Sabemos (o ya sabíamos) que lo único que preocupa a Rajoy es reducir el déficit. Le preocupa lamentablemente más la contabilidad, que cuadren las cuentas, que la creación de empleo, que la igualdad de oportunidades, que la defensa de los servicios públicos fundamentales o que el sufrimiento de las personas. Muy inquietante el mantra del presidente del Gobierno, que de manera machacona defiende los recortes como única vía para salir de la crisis. Por estos derroteros, es de temer más drásticos ajustes para conseguir el objetivo del déficit.

Fue más preocupante lo que no dijo, lo que no respondió el presidente del Gobierno, o incluso lo que insinuó, que lo que dijo. Sus silencios se pueden traducir en nuevas amenazas para los españoles. No contestó sobre recortes en pensiones, ni sobre la posible subida de las cotizaciones sociales de los trabajadores, no aclaró si España acudiría al rescate. De sus titubeos mejor ni hablar: recordaba aquel curioso episodio en la entrevista realizada por Pedro J. Ramírez en los que no alcanzaba a entender su letra. El asunto era ahora de una mayor trascendencia (el rescate de España) y vaciló en cambio ante una pregunta de cajón.

Es mucha casualidad que Rajoy no termine de deshojar la margarita del rescate hasta pasadas las elecciones vascas y gallegas. No hace falta ser malpensados para concluir que este retraso algo tiene que ver con el calendario electoral y con un intento de aplazar medidas duras e impopulares a fin de no dañar los intereses del PP el 21 de octubre. Algo muy parecido a lo que hizo con motivo de las elecciones andaluzas y asturianas el 25 de marzo posponiendo la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para este año. Esto quiere decir que las condiciones que nos impondrán desde Bruselas (y Berlín) para un eventual rescate serán muy dolorosas, supondrán nuevos sacrificios para la ciudadanía.