Sólo para las élites

María Dolores de Cospedal no para de sacar conejos de la chistera para desviar la atención de su caótica gestión y de sus recortes y los de su jefe Rajoy. El último es su incoherente, retrógrado, estrafalario y populista anuncio de reducir a la mitad el número de diputados en Castilla-La Mancha y que éstos no cobren salario público. Plantea la vuelta al modelo del siglo XIX, cuando a la cosa pública sólo accedían la aristocracia, la alta burguesía y los terratenientes. Otro retroceso ideológico del manual del PP que pretende impedir que los trabajadores puedan acceder a una asamblea legislativa, que ése sea una prerrogativa para aquellos que se lo merecen por su fortuna, sus títulos o su cuna. Cospedal defiende un modelo donde sólo las élites puedan dirigir las instituciones. Como antaño, los de arriba y los de abajo. La derecha está inmersa en una perversa cruzada para recortar también nuestra democracia con la excusa de la crisis económica. Se quiere limitar la representatividad, que es la esencia de la democracia. Para eso primero se denigra y se desprestigia el sistema y, ya con el terreno abonado con mucha demagogia, se cuestiona su existencia. De camino se reduce el necesario control democrático (ya se ha cargado al Defensor del Pueblo y al Consejo Económico y Social) para hacer y deshacer sus anchas, para mangonear sin la mirada molesta de la oposición.

Y la propuesta viene de la ‘bienpagá’ de este sacrosanto país: una señora que tenía tres sueldos y venía ingresando 250.000 euros al año. ¿Se puede tener más desahogo? ¡Le echa un rostro la presidenta castellana-manchega! Mucho y duro. Gana un dineral y hace unos meses aumentó en cuatro el número de parlamentarios de su Parlamento. El bandazo es descomunal. No parece un ejemplo a seguir ni por su nómina ni por sus decisiones políticas. Con estas credenciales la señora Cospedal queda descalificada para dar ejemplo. Es un modelo a no imitar, es el espejo de lo más  reaccionario.