Las malos humos de Doña Esperanza

Esperanza Aguirre y libertad de información son conceptos antónimos. ¡Cómo se las gasta la lideresa porque había un equipo de Telemadrid sin su consentimiento! Se ofende encima porque los periodistas acuden sin su permiso al lugar de los acontecimientos, al que por cierto había llegado ella con 48 horas de retraso cuando las llamas ya habían devorado hectáreas de patrimonio natural. Al parecer, las escaletas de los telediarios autonómicos se deciden en la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid y no en la redacción de los servicios informativos de la cadena pública. Así entiende Aguirre el periodismo y la función social y constitucional de informar. A la todopoderosa dirigente popular todo lo que no sea informar al dictado le produce sarpullido y mal genio. Le ha faltado poco para mandar al equipo de Telemadrid de vuelta a sus instalaciones. Ella es la que paga (con los impuestos de todos) y se cree con derecho a mandar. Son actitudes y un pensamiento de otras épocas más siniestras de la historia española.