Rajoy, tras el burladero

Mariano Rajoy es un especialista en rehuir el debate, un escapista de la política capaz de aguantar las tormentas más torrenciales con toda la cachaza del mundo, sin inmutarse. Se aplica la máxima del ‘ya escampará’ y mientras tanto a esperar hasta que el horizonte se aclare. No tiene ningún reparo en seguir detrás del burladero aunque el toro lleve un rato en la plaza, el público lo jalee y la cuadrilla no deje de animar al maestro. Como este hombre es así, ha decidido no celebrar el debate sobre el estado de la nación. No es capaz de atisbar que en su responsabilidad de presidente del Gobierno lleva incorporada la ineludible obligación de dar explicaciones a la sociedad española, más aun en estos momentos de extrema gravedad económica. Aunque el reglamento del Congreso de los Diputados ampare este espantada parlamentaria de Rajoy, no creo que sea el caso, lo que se ha vivido en los últimos seis meses requiere un debate profundo y constructivo para recuperar la marca España. Hurtar el debate es menospreciar al Parlamento, instancia donde reside la soberanía popular, y por tanto es tanto es como menospreciar a todos los españoles que quieren saber qué futuro nos espera después de estar merodeando durante semanas la intervención del país por la insuficiencia de financiación. Hoy más que nunca es necesaria la transparencia. La ciudadanía quiere saber y… ser tratada como mayor de edad. No son tiempos ni de oscurantismo ni de paternalismo. Toca responsabilidad y, como diría el propio Rajoy, de llamar al pan, pan y al vino, vino. Un presidente no se puede esconder, tiene que dar la cara.