Guardia pretoriana de Rajoy

Esta foto me entristece como demócrata. Que un representante del pueblo, en tono pacífico y dialogante, no se pueda acercar al presidente del Gobierno en el Senado dice muy poco de la sensibilidad democrática del actual inquilino de la Moncloa. O cuando menos de la de su equipo. Un senador socialista, Ibán García del Blanco, quería hacer entrega a Mariano Rajoy de un casco en solidaridad con los mineros de El Bierzo (León) encerrados por los recortes de los fondos Miner, lo que puede representar una tragedia para este sector. Entre los escoltas y Jorge Moragas,  jefe de gabinete del presidente, hicieron una pantalla y no pudo intercambiar apenas unas palabras con Rajoy. El parlamentario fue agarrado por brazos y hombros como si se tratara de un elemento violento y peligroso. La guardia pretoriana se empleó, desde mi punto de vista, de manera desproporcionada con una persona que representa a sus conciudadanos, con el telón de fondo de un conflicto laboral. No parece apropiado apartar a un senador a tirones cuando las sedes parlamentarias han de ser los templos de la palabra. Concluye El País su información sobre este triste incidente que “un sentimiento de preocupación y pesar quedó entre muchos parlamentarios”. Y entre muchos españoles que entendemos la política de otra forma. Si no se permite la interlocución a un senador, no quiero ni imaginar lo que pasaría con un ciudadano de a pie.