Rato se rebela

Rodrigo Rato no quiere comerse solo el marrón de Bankia. Ha pasado de héroe a villano en poco tiempo. De gran gurú económico de la derecha patria a apestado tras el hundimiento de ese Titanic del sistema financiero español. Saltó por la borda un minuto antes de que lo arrojaran a los tiburones. Nos vendieron que dejaba el puente de mando por responsabilidad y en realidad era la única opción que le quedaba. El nombre de Rato se ha caído del santoral del Partido Popular. Superados los primeros momentos de confusión, la maquinaria de propaganda pepera no ha podido tapar más vías de aguas en este naufragio y bien que se afanó en buscar un chivo expiatorio en el Banco de España para salvar el prestigio cada vez más mermado del ex presidente del FMI.

La bola del fiasco cada vez era más grande. Empezó el baile de cifras sobre el eventual rescate y en unos días se pasó de unos 4.500 millones de euros a 23.500 millones de aportación pública (y lo que te rondaré morena, nadie parece capaz de decir que hasta ahí llega la cuenta). Esta escandalosa cuota de dinero público pone en solfa la labor de los gestores de Bankia, especialmente a su último presidente, el ínclito Rato. Éste ha roto su silencio después de tres semanas apartado de los focos. En una carta remitida a los consejeros de la entidad en apuros, el ex ministro califica de “inyección brutal” a costa del Estado esos 23.500 millones, equivalentes al 2% del PIB nacional. Según Rato, la entidad no necesita tanto dinero. ¿Quién nos dice la verdad? ¿Qué hay detrás de esta tragicomedia de enredo? El tiempo irá arrojando luz a este turbio asunto.

Más allá de esta pelea de gallos en el corral del PP, lo único claro es que el desafuero de Bankia lo pagamos entre todos. Y nadie parece dispuesto ni a dar explicaciones de lo sucedido ni a asumir sus responsabilidades en el entuerto. Ni las políticas y mucho menos las penales (si las hubiere).