Vuelve la confrontación

No constituye ninguna sorpresa. Javier Arenas se subió en el último minuto al acuerdo para la reforma del Estatuto de Autonomía. Con ese movimiento meramente táctico, para nada sincero, el Partido Popular no quería incurrir en el error de su no a la autonomía plena para Andalucía en el referéndum de 1980. El 28-F ha sido una losa para la derecha desde entonces. Como todo era un escaparate, a las primeras de cambio Arenas ha preferido plegarse a los designios del Gobierno de la nación, aun a costa de pisotear la carta autonómica andaluza.

Me explico. En el Senado, el PP, con el voto de su señoría Arenas, han rechazado una moción del Grupo Socialista en la que pedía el cumplimiento de la disposición adicional tercera. Esta cláusula obliga al Gobierno central a invertir en Andalucía durante siete años un porcentaje equivalente al peso de su población, un 17,8%. Desde la entrada en vigor del Estatuto, y bajo mandato socialista, se venía cumpliendo anualmente con esta exigencia legal. En el primer presupuesto de Rajoy se roto esta dinámica al consignar sólo un 14,6% del total. La derecha, con Arenas agazapado en los escaños de la Cámara alta, se ha enrocado en este incumplimiento flagrante del Gobierno de la nación.

Desde la Junta de Andalucía se planteó una ofensiva política antes de recurrir a los tribunales para reclamar lo que a la comunidad autónoma le corresponder por derecho. Está claro que en la Moncloa no se piensa cambiar ni una sola coma de su proyecto de presupuestos para 2012. Al Ejecutivo autonómico no le quedará otra que optar por la vía judicial para defender los intereses de Andalucía. El PP está reeditando la agenda de la confrontación de la era Aznar, una estrategia revanchista que busca castigar a una tierra que no los vota. En esta ocasión será incluso una carga más agresiva y sectaria después de la profunda decepción de la derecha el 25-M. Se frotaban las manos embriagados del éxito de las encuestas y, sin embargo, seguirán sentados en los bancos de la oposición. Y como no pueden en las urnas, usan de forma pendenciera e injusta el BOE. Como no saben perder, recurren a las malas artes despreciando a la legislación vigente y a los andaluces. Vuelve la confrontación.