Mentiras e improvisación

Si lo sabía y no lo contó, mentía. Y si no lo sabía y ahora lo aplica desde el Gobierno, improvisa. O es posible que sea la combinación de las dos hipótesis expliquen los vaivenes y la impericia de Mariano Rajoy en estos escasos cuatro meses desde su llegada al Palacio de la Moncloa. Sabía que iba a poner en marcha una serie de medidas y nos engañó primero en las generales de noviembre y después en las andaluzas de marzo, guardó su dichoso programa ocultó con un objetivo espurio,  y también ha tenido que articular sobre la marcha una serie de medidas por las presiones de los mercados, la tutela de Bruselas y Merkel y por el desconocimiento de una crisis económica internacional que este supuesto estadista, desde su fetichismo simplón, achacaba exclusivamente a la labor de Zapatero. Qué lejos queda ese mantra de cuando se vaya Zapatero, en España se recupera la confianza de la mano del Partido Popular. Ese mensaje merece hoy la consideración de propaganda barata y engañosa, de mercadería fútil.

Así que suena a gran sarcasmo oír a Rajoy desde el otro lado del charco (por cierto, ha hablado más en su periplo por México y Colombia que en las últimas semanas en nuestro país) rechazando que no hay improvisación en la agenda del Gobierno y que tiene todas las reformas (léase recortes) planificadas hasta el verano. Nos pretende este santo varón vender una moto averiada y ya estamos hartos que se nos intente tomar el pelo. Si tiene un calendario de ajustes brutales, ¿por qué no lo contó antes y por qué ahora lo vende por fascículos? Da la sensación que trata de achicar agua cada vez que se produce una imprevista vía de entrada. Y casualmente siempre en el mismo sentido: ajustar cuentas a las familias y a las clases medias y trabajadoras imponiendo su agenda ideológica que nos sume cada vez más en la sima de la recesión económica y de la desesperanza ciudadana.

Dice un proverbio chino que para salir del hoy antes hay que dejar de cavar. En cambio, el presidente del Ejecutivo no deja de hacer más profundo el socavón con bandazos, incumplimientos y decisiones precipitadas e injustas, con lo que hace cada vez más difícil que España pueda salir del hoyo.

Foto.- Efe.