Problemas reales

A estas alturas ya está casi todo dicho sobre el safari del Rey en Botsuana. La crisis no merma talento hispano: Twitter ha compilado auténticas perlas de ingenio autóctono contra este desafuero monárquico. Además, sesudos analistas han vertido desde el rigor y la mesura una crítica responsable al traspié del monarca. Otros zascandiles se han dejado caer por la pendiente del esperpento y la exageración para arrimar el ascua a su sardina. Don Juan Carlos se ha roto la cadera físicamente, pero la Corona como institución se la ha fracturado simbólicamente. Si echamos la vista atrás y recordamos las palabras del jefe del Estado en el tradicional discurso de Nochebuena, nos domina la perplejidad. En su alocución a todos los españoles, defendió la obligatoria ejemplaridad de los cargos públicos y animó a todos a su asumir con entereza los sacrificios venideros en esta prolongada recesión que nos azota con recortes de derechos y de servicios públicos. No concuerdan sus manifestaciones con su comportamiento. En estos momentos de gran dificultad, momentos en que muchos ciudadanos lo están pasando mal, no resulta muy gratificante que el Rey se embarque de tapadillo en una cacería de elefantes cuyo coste es disparatado (entre 30.000 y 40.000 euros la escopeta). Este tipo de actuaciones aleja a la Corona de los problemas reales de los españoles, al tiempo que crecen sus problemas reales ante una opinión pública cada vez más crítica y exigente. Llueve sobre mojado. Ya lleva unos meses la Casa Real perdiendo crédito a chorros.

El Rey manifestó también que todos somos iguales ante la ley. Así reza en nuestro texto constitucional. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Dos ejemplos:

1. El Gobierno de Rajoy ha presentado los Presupuestos Generales más restrictivos de la historia de nuestra democracia. Caen todas las partidas por encima del 15%, algunas como educación hasta el 21%, las de la Casa Real sólo se reducen un 2%.

2. El Ejecutivo ha remitido a las Cortes el proyecto de ley de Transparencia y de esa obligación de abrirse a la sociedad, se escapa la Casa Real. Con este tipo de mecanismos sabríamos a qué se destinan las partidas que salen de nuestros impuestos y se podrían evitar (o, al menos, conocer) detalles como el de Botsuana, un triste episodio que ha salido a la luz pública por el accidente de Don Juan Carlos.

Desde mi adscripción republicana, creo sinceramente que la Corona ha aportado estabilidad a este país y ha permitido la consolidación de la democracia. Sin embargo, el crédito no es eterno, se ha de ganar día a día, no se puede vivir de las rentas. Este desafortunado patinazo del safari ha de servir de aldabonazo en la Zarzuela para corregir errores o, de lo contrario, se abrirá sin remisión el debate sobre el futuro de la monarquía.