Túnel del tiempo

Un repaso a los titulares de los principales periódicos de esta mañana nos demuestra cuán insaciables son los mercados. Unos ejemplos:

Guindos achaca el acoso a España a los nervios por el futuro de Europa (El País).

Acoso a la deuda española (ABC)

Los mercados acorralan a España (Grupo Joly)

Vía Crucis económico: la prima de riesgo supera los 400 puntos y el Ibex cierra su peor semana (La Razón).

Los mercados no se sienten satisfechos con nada. Por más recortes, por más medidas de ajuste, por más reducción de partidas sociales o de derechos que se haga, siempre quieren más. La Bolsa española está en sus mínimos y la prima de riesgo se ha disparado a pesar de la agresiva reforma laboral y de los presupuestos más destructivos e injustos de la historia de la democracia española. ¿Qué quieren estos tiburones de la codicia? Convertir a los países que están en el diana de sus ataques en cotos sin ley para sus negocios. ¡Para qué tantos sacrificios si nunca tienen bastante! El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) exigen más reformas y más urgencia en su aplicación para frenar la desconfianza que genera España. El cambio de gobierno, como defendían el Partido Popular y muchos analistas, no ha sido el bálsamo para aplacar las ansias de los mercados. Decían con sólo llegar Mariano Rajoy a la Moncloa todo cambiaría y se recuperaría la confianza. El cambio de piezas no ha supuesto ningún revulsivo. La profecía no se ha cumplido. Cuatro meses después estamos peor y, sin ser agorero, las expectativas de futuro no pueden ser más negras. Y ahora no hay un Zapatero para cargarle todas las culpas. O sí: algunos se aferran a su herencia para tapar sus carencias y sus mentiras. Estamos instalados en un bucle en el tiempo. Ocurre como en la famosa película del día de la marmota: cada día nos levantamos con el mismo sobresalto. Sufrimos la presión de unos mercados ávidos que imponen su visión insolidaria y economicista del mundo. ¿No hay quién pare esto y nos saque del túnel del tiempo? Porca miseria.

Foto.El Comercio.