Cazado en una mentira para justificar la supresión de Educación para la Ciudadanía. El ministro de Educación, José Ignacio Wert, leyó en el Congreso de los Diputados unos fragmentos como si fueran parte de un manual de la asignatura. Con esa burda maniobra quería sustentar su discurso sobre el adoctrinamiento para cargarse la materia del currículo escolar. Una triquiñuela impropia de tan alta magistratura en la que ha sido pillado con las manos en la masa.

El estreno de Wert como ministro no ha sido demasiado acertado. A los comentarios xenófobos y el argumentario religioso con el que presentó el nuevo modelo educativo del PP, se unen ahora las mentiras y los tejemanejes para justificar su decisión de fulminar Educación para la Ciudadanía. Si es reprochable ese intento sobresaliente de manipulación, peor ha sido la justificación de tan artera conducta:

“Utilicé un ejemplo en un tema que no tiene mayor trascendencia de un libro que se utiliza como recurso educativo. Efectivamente no es un libro de texto, no dije en ningún momento que fuera un libro de texto, no mencioné en ningún momento la editorial. (…) Existen “innumerables ejemplos” en los recursos educativos de la asignatura de Educación para la Ciudadanía que reflejan “la carga de adoctrinamiento” (…) “Los libros de texto no están incluidos ni dejan de estarlo en la asignatura. Una asignatura tiene distintos tipos de recursos educativos: los libros de texto, los libros de apoyo, las guías didácticas… (…) No alcanzo a entender por qué el cumplimiento de un compromiso electoral es motivo de tantísimo interés”.

Un enroque en toda regla para no pedir disculpas por recurrir a tretas poco éticas para explicar decisiones de gobierno. Wert ni conjuga ni entiende el verbo rectificar. Me ha recordado al alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, cuando se sirvió de un informe manipulado para derogar el Plan Centro de control de tráfico en Sevilla. Ambos están en su derecho de aplicar sus promesas electorales después de haber ganado unas elecciones. Lo que es inmoral es hacer un montaje con malas artes y engaño a la ciudadanía para explicar una medida desde la solvencia o la necesidad, cuando en realidad ésta sólo se basa en argumentos ideológicos.

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