Como la alegría en la casa del pobre

¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre! Estábamos festejando (unos más que otros) el buen resultado de la subasta de bonos y apenas veinticuatro horas después una agencia de calificación, uno de los instrumentos preferidos por el poder económico para meternos miedo, nos ha aguado la fiesta. España colocó el jueves 10.000 millones de euros en bonos a un tipo sustancialmente más favorable de lo esperado en comparación con anteriores subastas celebradas en el vórtice de la crisis de la deuda soberana. Sin embargo, no todo es tan idílico. Las entidades financieras reciben dinero del Banco Central Europeo a un 1% y lo destinan a la adquisición de deuda pública a un interés muy superior (en este último caso, el 3,75%). En román paladino, le prestamos y con esas cantidades se ponen las botas a nuestra costa. En lugar de dedicar esos recursos a reactivar la economía y a hacer fluir el crédito entre las empresas y las familias, se dedican a hacer negocio y a reírse de nosotros. No están robando por la cara. Se les llama ahora eufemísticamente especuladores y son ladrones de cuello blanco. España consiguió 10.000 millones en liquidez, el doble de la cantidad inicialmente prevista, pero el sistema es perverso y nos obliga a pasar por la gatera.

Como todo es relativo y un mes atrás el tipo estaba mucho más alto, estábamos descorchando champán por el éxito de la subasta. Y llegó Standard & Poor’s y mandó parar. Esta agencia de rating ha asestado un severo golpe a la zona euro, empezando por Francia o Austria, siguiendo por España e Italia y terminando por Portugal y Eslovaquia. A nueve países de la Eurozona se les rebaja la calificación de su deuda. ¿Qué quiere decir esto? Que estos países tendrán que pagar más intereses por sus bonos u obligaciones en el futuro ante el mayor riesgo que implica su adquisición. Se antoja una respuesta orquestada por los insaciables mercados viendo que los intereses estaban cayendo. No quieren que se les acabe el chollo de conseguir duros a real. Cuánta más incertidumbre sobre la solvencia de los países, más ganancias en aguas revueltas para estos cacos de altos vuelos.

A España nos han hecho retroceder dos escalones en la nota crediticia y nos lanzan una amenaza sin ambages. S&P plantea a España un nuevo castigo si no se aprueba pronto la reforma laboral, si no hay medidas adicionales para reducir el déficit o si el sector financiero necesita más ayudas de capital por parte del sector público (el ministro de Economía ya planteó una ayuda adicional de 50.000 millones de euros). No andan sobradas de credibilidad tampoco las agencias de calificación pero este aviso puede animar al Gobierno de Rajoy a tomar medidas que están muy en sintonía con su programa neoliberal. El Partido Popular está aguardando a las elecciones autonómicas de Andalucía para tomar decisiones de este calibre para evitar fuga de votos. Tal vez este empellón anticipe el baile. Estará pensando Rajoy: “No me toques las palmas que me conozco”. Pues eso.

Viñeta.– Los calvitos.