Viejos y malos modos

Dice el refrán que la cabra siempre tira al monte. A las primeras de cambio, esta derecha triunfante subida en su ola azul ha vuelto a las andadas de las actitudes despóticas de la era Aznar. Mal comienzo para una legislatura con temas tan urgentes para acometer desde el consenso y la cooperación entre administraciones. La toma de posesión de la nueva delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, fue un ejemplo del sectarismo y de la falta de respeto a las instituciones autonómicas que recordó a otros infaustos tiempos. Desde el Gobierno de España se respondió a la mano tendida y a la oferta de colaboración lanzada por el presidente andaluz, Pepe Griñán, con un desplante injustificado e injustificable. Se presentó la flamante vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, con una delegación de la representación de Mariano Rajoy en el acto, una triquiñuela para desplazar y agraviar al jefe del Ejecutivo regional.

La maquinaria de la intolerancia del Partido Popular rebuscó una fórmula legal para agredir al presidente de los andaluces y las andaluzas, que demostró altura de miras al acudir a un acto para mejor gloria de sus adversarios políticos. ¿No cabían sendas intervenciones de Santamaría y Griñán en sintonía con el llamamiento que Rajoy ha hecho al PSOE para abordar ahora juntos (antes no) la lucha contra la crisis? No, optaron por el ninguneo. La cortesía política no parece estar en el manual de urbanidad del PP, o quizá están embriagados de tanto éxito que los mueve el fanatismo.

Estas argucias mezquinas tienen la firma de un político de antes y de ahora, Javier Arenas, instigador de la estrategia de confrontación con Andalucía durante los ocho años negros de Aznar para con esta tierra. No se trata de un desplante a un dirigente socialista, sino al primer representante del Estado en Andalucía y de los ocho millones y medio de ciudadanos de esta comunidad. Estando Arenas por medio y con la ansiedad de afrontar su cuarta tentativa a la Junta mucho me temo que no será la última. Han vuelto los viejos y malos modos de antaño.

Foto.- El Mundo.