Tiempos

noviembre 22, 2011

El tiempo periodístico es vertiginoso, devora la actualidad y siempre busca anticipar escenarios futuros (en ocasiones, se apoya más en la especulación que en la certeza o el conocimiento). El tiempo político se caracteriza por otra cadencia, no siempre se adapta al apresuramiento mediático, descansa más en la reflexión o incluso en la oportunidad. Ahora vivimos un choque de esas dos formas de entender cada momento histórico. A tenor de lo que escriben y hablan periodistas, politólogos y tertulianos de distinto pelaje, el PSOE tendría que resolver el shock que ha provocado el mal resultado de las elecciones en 48 horas. Se esbozan dimisiones, ejecuciones, inmolaciones y otras figuras de corte dramático y espectacular (léase en modo figurado) en las filas socialistas que alimente la sed de noticias de los medios de comunicación. Hay una tendencia natural en la condición humana a hacer leña del árbol caído. De una manera más benévola, se reclama también al ganador del 20-N, Mariano Rajoy, que dé a conocer su gobierno y sus primeras decisiones. Aludo a la benevolencia mediática en el caso del dirigente del Partido Popular porque en su caso se le concede la bula del triunfo y se alaba su característica de “buen administrador de los tiempos” (sic). El deber de los periodistas es, sin duda, avanzar información y el de cada partido o cada líder, tomar las decisiones oportunas sin presiones externas o de la actualidad.

Volviendo al caso que más conozco. El PSOE necesita un tiempo para el análisis y para la recomposición después del duro revés del domingo. Una familia que sufre un trauma importante arrastra durante unas semanas una cierta depresión. Un paso en falso en estos momentos sería terrible. Los medios y sus opinadores, en cambio, no dan tregua, no entienden este obligado periodo de vigilia para un partido que ha sufrido un castigo electoral tan sonoro. Se cuestiona incluso el carácter ordinario del congreso que se celebrara en la primera semana de febrero, como si dos meses fuera una eternidad. Y tiene esa condición ese cónclave porque toca convocarlo entre el tercer y cuarto año del anterior y se está dentro de ese plazo, porque en una cita ordinaria no sólo se elige a una nueva dirección sino que acoge un profundo debate sobre ideas y programas y porque de hacer un extraordinario ahora habría que organizar un ordinario en julio, una situación que sometería al PSOE a un completa inestabilidad y dejaría en situación de interinidad a las personas que asumieran el mando. Una formación política, fundamentalmente, requiere de un proceso sereno de maduración y decantación antes de adoptar en caliente una decisión tan trascendente en unas circunstancias tan delicadas. Sólo con un estudio profundo de las causas que han llevado a esta derrota se podrá salir con garantías de futuro. Las prisas, como casi siempre en la vida, son malas consejeras.

Foto.-Efe. José Luis Rodríguez Zapatero, en su comparecencia de ayer para anunciar el congreso de febrero.

Anuncios