Chóferes

Esta obsesión de ciertos prebostes del Partido Popular por los chóferes se antoja como un lapsus freudiano, una manifestación del inconsciente que aflora una determinada visión del mundo. Se han acumulado unos cuantos episodios de contrataciones de conductores tras las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo que dan para hacer un serial o, por los menos, una miniserie. El primer capítulo corre a cuenta del presidente de la Diputación de Málaga, Elías Bendodo, que ha contratado a un chófer casi con un salario de piloto de Fórmula 1: 54.000 euros anuales y una categoría profesional de asesor técnico. Las excusas de Bendodo para justificar este desmán sonaron a tomadura de pelo. El conductor, además de llevar el coche oficial, hacía también labores administrativas. Este polivalente trabajador está entre los diez cargos de confianza con mayor retribución de la corporación provincial. No está mal para no requerir unas credenciales académicas ni trayectoria profesional de relumbrón.

El segundo capítulo nos lleva hasta Cádiz. El homólogo de Bendodo en la Diputación, José Loaiza, fichó a un conductor con el nivel salarial de técnico de secretaría. No sabemos si el elegido es técnico mecánico o especialista en ofimática. Esta ‘escudería’ no tiene tantas campanillas como la malagueña, pero los emolumentos del piloto de Loaiza se sitúan en unos para nada desdeñables 43.459,73 euros anuales. Los conductores del Parque Móvil de la corporación echan las muelas por los beneficios laborales del sobrevenido ‘compañero’, porque se contrata a una persona de la calle dejando a los titulares de brazos cruzados y, por si fuera poco, porque el susodicho, a su criterio, “no reúne los requisitos exigidos”.

El tercer y de momento último episodio se sitúa en Extremadura. El número dos del PP de aquella comunidad y presidente del Parlamento, Fernando Manzano, ha escogido casualmente como conductor a un primo hermano. Este político de conveniencia hace tan sólo unos meses escribía una carta a los Reyes Magos pidiendo un gobierno sin “enchufismo” ni “clientelismo”. Se refería a los demás, para él el ancho del embudo. No ha trascendido la cuantía del contrato, sí la discreción que necesita Manzano en sus muchas horas a bordo del vehículo. Se defiende pidiendo alguien de absoluta confianza para poder hablar con tranquilidad en los asientos tapizados del automóvil de alta gama. ¿De qué hablará este baranda para que no pueda ser escuchado por cualquiera de los conductores con plaza de funcionario?