Radiografía de una esfinge

Fue un día como otros tantos para Mariano Rajoy y sus alrededores. Gris, rutinario, monótono. Seguí con atención su entrevista en la Cadena SER y, más allá de mis prejuicios, reforcé mi impresión de que es un genuino representante de la nadería, un coleccionista de lugares comunes, un político que sobrevuela los temas y rehúye la profundidad, que prefiere el snorkel al submarinismo a la hora del análisis. Por la noche, Àngels Barceló llegaba a la misma conclusión en su comentario que antecede a la tertulia de actualidad en Hora 25:

“Mariano Rajoy ha pasado por los micrófonos de la SER. Y esto es exactamente lo que ha hecho: pasar. Porque de la entrevista poca idea se puede sacar de lo que piensa hacer si gana las elecciones. Ni siquiera sabemos lo que piensa hacer con el impuesto del patrimonio. A pesar de la insistencia de Francino, Rajoy ha pasado también de la pregunta. Ha dado alguna pista en política fiscal, nada que no dijera ya el jueves en su encuentro con empresarios catalanes. Y poco más. A partir de aquí, sabemos que la da pereza lo de confeccionar las listas electorales, que no recuerda si se ha visto con la izquierda abertzale, que Ana Botella, la concejal madrileña que carga sin escrúpulos contra los maestros, sería una magnífica alcaldesa y que se meten con Esperanza Aguirre de manera gratuita. La misma Esperanza Aguirre que este mediodía cuestionaba la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza y que por la tarde decía, vía Twitter, que no la habíamos entendido, que se refería a los másters. Tiene el PP la mala costumbre de tratar a los ciudadanos de tontos. Los que han escuchado la entrevista a Rajoy saben que Rajoy no ha dicho nada y los que han escuchado a Esperanza Aguirre saben que dicho lo que quería decir. El primero no dice nada porque cree que sin hacerlo ya le va bien para llegar a la Moncloa y la segunda sigue hablando porque, diga lo que diga, sigue ganando las elecciones. Y así un día tras otro a la espera del 20-N. Suerte tienen los ciudadanos de contar con un coro de traductores de los silencios de Rajoy: la propia Aguirre, María Dolores de Cospedal, Esteban González Pons… Ellos dan muchas pistas. Quizá la clave esté en levantar un poco el candidato y ponerlo sobre el coro”.

Minutos más tarde, el escritor Andrés Neuman retrataba con pocas palabras al presidente del PP:

“Lingüísticamente hablando, es un poeta incomprendido… Trabaja con lo inefable, roza siempre la nada. Cuando escucho a Rajoy pienso que es una cátedra de la sugerencia, del decir sin decir. Más que un político es una esfinge que va sobreviviendo, lo cual sería cómico si no fuera inquietante”.

Sobran ya mis impresiones.