La otra realidad

Con los mercados acechando como una jauría a nuevas víctimas propiciatorias para seguir sacando tajada, con las dificultades de las comunidades autónomas para alcanzar el objetivo de déficit marcado por la Unión Europea, con los recortes en educación en las comunidades gobernadas por el Partido Popular, con la incertidumbre de una nueva recesión económica a la vuelta de la esquina si nadie lo remedia, con el décimo aniversario del 11-S y una amenaza terrorista de celebrar este efeméride con nuevos atentados, con la hambruna de Somalia, con los últimos coletazos de la revolución de Libia o la insurgencia ciudadana contra el régimen sirio… Con todo esto y mucho más, la noticia del día en muchos informativos y en todos los programas de cotilleo será la declaración ante el juez como imputado del matador de toros José Ortega Cano por el accidente que le costó la vida a un vecino de Castilblanco de los Arroyos (Sevilla). Dice el informe de la Guardia Civil que el torero invadió el sentido contrario y que presentaba una tasa de alcohol en sangre cinco veces  más altas de la permitida. Muchas tertulias del género telebasura se empacharán de chismes y suposiciones para adormecer a una audiencia pasiva y acrítica que se traga todo lo que le echen. Es la otra realidad donde se refugia mucha gente no sólo por resignación o inercia, también como válvula de escape ante un panorama socioeconómico incierto y doloroso o ante vidas personales aburridas y resignadas.