Pajarraca

El Partido Popular montó ayer un bochornoso espectáculo, una lamentable pajarraca, en el Parlamento de Andalucía. Su protesta contra la incompatiblidad de los cargos de alcalde y diputado se pasó de la raya, al más puro estilo pandillero. La derecha mostró su rostro más autoritario, más agresivo, más dictatorial. Y lo más grave es que no fue un comportamiento sobrevenido por el acaloramiento del debate, sino perfectamente calculado, premeditado, para romper la normalidad democrática (Javier Arenas se salió del Pleno para no salir en la foto de la vergüenza) y proyectar una imagen de bronca y pelea de los políticos a la ciudadanía, para desprestigiar un poco más si cabe la percepción social de los representantes públicos. A ellos, que no creen ni quieren la política, les da igual el desafecto que manifiesta la sociedad hacia los políticos. No dejaron ejercer el uso de la palabra al diputado socialista que defendía un paquete de medidas sobre transparencia, austeridad y calidad democrática. Lo interrumpieron en innumerables ocasiones, lo increparon al grito de “fuera, fuera”, lo insultaron con un variado repertorio de lo más castizo. Significó el colofón a una sesión parlamentaria marcada por las provocaciones y los desplantes desde las filas de la gaviota rampante. La conducta de la bancada pepera fue profundamente antidemocrática, propia de grupos radicales que revientan las instituciones y que coaccionan a sus adversarios. A la derecha crecida por su triunfo electoral del 22 de mayo le afloran con demasiado tics despóticos y soberbios, manifiestan unas ganas de revancha incompatible con la democracia. Esta gran algarada pepera se produce en la semana que se conmemora los 75 años del golpe militar de Franco y el comienzo de la Guerra Civil. Triste coincidencia.

Foto.– Momento de la intervención del diputado socialista, José Muñoz, en el debate de marras. Al fondo la tranquila bancada del PSOE pese a la trifulca que montaba el PP.

La mejor defensa…

…un buen ataque. El Partido Popular se ha lanzado a la ofensiva en lugar de guardar un prudente luto tras la dimisión Francisco Camps. Su ariete más corrosivo, Esteban González Pons, ya ha destilado su veneno. No se cortan, no se arredran, no actúan desde la mesura y la ponderación. Se mueven con rabia, cual animales acorralados, disparando con infamias y difamaciones para tapar sus vergüenzas. Haría bien Rajoy de refrenar tanto rencor y tanta inquina de sus subalternos ante un episodio tan poco honorable. Ha caído el presidente de la Generalitat valenciana, sostenido con alfileres hasta el 22 de mayo para salvar el obstáculo electoral. Los trajes no dejan de ser la punta del iceberg del mayor escándalo de corrupción de España, el caso Gürtel. Mucho ha resistido cuando desde un punto de visto ético su permanencia en el poder no tenía un pase. Ahora querer convertirse en mártir o víctima, santificarlo por su forzado sacrificio, no cuela. La podredumbre se huele desde muy lejos. Once imputados se sientan en la Corts valencianas y el Partido Popular dejando su código ético como papel mojado. Un contertulio de la Cadena Ser hablaba esta mañana de la “gusanera” en la que se tornado la Comunidad de Valencia en la era Camps. El caso Gürtel, con los “amiguitos del alma” de Camps como principales protagonistas, es el asunto de corrupción más importante pero no el único. También el caso Brugal, el lamentable historial de corruptelas e irregularidades de Carlos Fabra, dos presidentes provinciales del PP en la picota… Suma y sigue. Con este expediente, salir a dar lecciones o tirar a matar desde el cinismo se antoja una reacción tan patética como impresentable.

Salvemos la política

Todas las encuestas manifiestan un desafecto cada día mayor de la ciudadanía hacia la política. No hace falta siquiera acudir a los sondeos: es una realidad que salta a la vista, no se necesita rascar demasiado para que aflore. Los que nos dedicamos a la cosa pública tenemos que trabajar, trabajar y trabajar para recuperar la confianza de la ciudadanía en la política. No se trata de entender el mensaje a toro pasado, sino practicar la escucha activa y el diálogo y profundizar en los cauces de participación a través de nuevos instrumentos que la hagan más cercana, más creíble, más accesible.

Frente a los que defendemos la política como herramienta de transformación y lo público como garantía de igualdad de oportunidades, poderosas corrientes de pensamiento conservador se mueven en sentido contrario. Y aprovechando esta crisis económica han trazado una perversa hoja de ruta para acabar con la política y con lo que representa lo público. No se ahorran recursos para alejar a la gente y aumentar su escepticismo y su frustración. No quieren reglas, propugnan el libertinaje de los mercados, esto es, un sálvese quien pueda.

Tampoco contribuyen a mejorar la imagen de la política esos representantes públicos que se dedican a la persecución del adversario sin más argumento que la aniquilación, aquellos que lanzan sombras de sospecha sobre las instituciones por puro interés electoral, aquellos que cuando se ven acorralados se defienden con la injuria o la difamación, aquellos que emplean cualquier atajo para desacreditar a un rival al que ve como enemigo. Esa forma pendenciera de hacer política aparta a la ciudadanía. La sociedad no espera de sus representantes ni duelos ni confrontación, demanda soluciones.

 

José Manuel Atencia

José Manuel Atencia es un articulista distinto, ocurrente, gracioso sin caer en el chiste fácil, que rompe moldes. Escribe con originalidad, frescura, trascendiendo los lugares comunes. También actúa con ecuanimidad: reparte cera a diestra y siniestra, como debe ser. La realidad de los medios de comunicación ofrece un lamentable perfil de previsibilidad en el enfoque de cada cabecera y de sus columnistas. Encontrar a un periodista que no se casa con nadie, sólo con su interpretación de la verdad, afecte a quien afecte, constituye un oasis en el enorme desierto mediático. La norma del gremio es que cada cual se pone la camiseta de la empresa en la que trabaja y la autonomía o la independencia brillan por su ausencia. No me lo pierdo ningún martes en El País: ofrece un lectura agradable y que aporta. Casi siempre, por no decir siempre, porque hasta el mejor escribano echa un borrón, una delicia.

Su artículo de hoy, Arenas y el test de estrés, me gusta por partida doble: en el aspecto formal, por su estilo literario sagaz y punzante, y por el contenido. Esta segunda parte era más que evidente hoy a tenor de que el blanco de su ácida pluma es Javier Arenas. Otro día le tocará a otro del bando de enfrente, que es el mío, y seguiré manteniendo idéntica valoración de sus textos. Periodistas así prestigian esta profesión tan deteriorada por el exceso de trincheras.

Funcionarios con sotana

Con las canas que peina uno debería estar ya curado de espanto. Sin embargo, aún hay muchas cosas que me indignan como cuando contaba con menos febreros  en la mochila y la paciencia no era una de mis virtudes.

Hace unos días, leía una información inquietante en El País sobre que la Iglesia católica inscribe como propios miles de inmuebles y solares propiedad de municipios o sin constancia registral, es decir, sin dueño conocido. En materia inmobiliaria la Iglesia arrastra prebendas desde la época del franquismo. Y no se ha parado ahí. En 1998, la supresión de un artículo del vetusto reglamento hipotecario por parte del Gobierno de Aznar multiplica los privilegios de esta confesión religiosa. Esta modificación legal abre la espita la apropiación de patrimonio público o privado. Gracias esta artimaña, orquestada sibilinamente por la derecha, los prelados se han puesto las botas a costa del Estado en un auténtico proceso de amortización (¡Ay si Mendizábal levantara la cabeza!) en todos los rincones de España,  aunque especialmente en Navarra.

Lo más llamativo es que los obispos tienen la consideración de funcionarios públicos y pueden otorgar títulos de dominio. ¿Cómo adquieren la condición de empleados públicos sin haber pasado una oposiciones y nadie hace nada para frenar esta ilegalidad? ¿Cómo en un país democrático con una Constitución que cuenta con casi 33 años de vida y consagra un Estado aconfesional se puede conceder a los representantes del Estado Vaticano en España esa prerrogativa? ¿Cómo se tolera el expolio de bienes, inmuebles y fincas que son propiedad del Estado? Cuando un Estado gana terreno a otro Estado se puede entender como anexión o conquista por muy pacífica y silenciosa que está sea y además, por muchas conexiones divinas que tenga, nos está escamoteando algo que es de todos.

Cada día resulta más incomprensible el mantenimiento de ese fuero medieval del que goza la Iglesia católica. El dichoso Concordato nos lastra a un pasado que ya teníamos que tener más que superado. Es una losa cada día más insoportable para nuestra democracia. Un escándalo.

Foto.El País. Catedral de Navarra se, restaurada con dinero público antes de que la Iglesia se la apropiara.

Escorado

ESCORADO
Cristina Peri Rossi

Mirándola dormir
dejé que el barco se inclinara
lentamente hacia un costado
precisamente el costado
sobre el que ella dormía
apoyando apenas la mejilla izquierda
el ojo azul
la pena negra de los sueños
y por verla dormir
me olvidé de maniobrar
pensando en las palabras de un poema
que todavía no se ha escrito
y por ello
era el mejor de todos los poemas
tan sereno
tan sutil como su piel de mujer casi dormida
casi despierta,
tan perfecto como su presencia inaccesible
sobre la cama,
proximidad engañosa de contemplarla
como si realmente pudiera poseerla
allá en una zona transparente
donde no llegan las sílabas orando
ni el clamor de las miradas
que quieren acercarse
en la falsa hipócrita intimidad de los sueños.

Camps, en el banquillo

No por esperado deja de tener trascendencia política y social. La justicia procesa a Francisco Camps por un delito continuado de cohecho impropio, o dicho de una manera entendible, por recibir regalos de la trama Gürtel por valor de 140.000 euros. ¡Los famosos trajes! El presidente valenciano se sentará en el banquillo de los acusados y tendrá que rendir cuentas por sus íntimas relaciones con sus “amiguitos del alma” de la trama corrupta. La pieza de los trajes es la punta del iceberg de este escándalo de corrupción, el mayor de la historia de la democracia española. Camps está tan acorralado que ha tenido que cambiar de argumento sin que se la caiga la cara de vergüenza: de afirmar hasta la extenuación de que no había recibido trajes a admitir en la vista preliminar que los aceptó como presidente del PP y no como titular de la Generalitat, una larga cambiada que huele a podrido. A falta del juicio oral con jurado popular, se plantean unos interrogantes: ¿Aguantará Camps en el cargo como si nada pasara? ¿Mirará el PP a otro lado mientras a los adversarios políticos a las primeras de cambio les exigen la dimisión? ¿Se quedará la ciudadanía impasible ante este nuevo episodio? Mucho me temo que sí en los tres casos.

Contradicción

El Parlamento de Andalucía, con los votos de PSOE e IU, ha decidido impulsar una modificación legislativa para que los cargos de diputado autonómico y alcalde o presidente de la Diputación sean incompatibles. La razón es que la ciudadanía demanda cargos públicos al cien por cien de rendimiento y no a tiempo parcial. Además, resulta muy poco ejemplar que haya parlamentarios que a la vez son alcaldes que cobran en su calidad de diputados sin ejercer, porque apenas vienen, salvo a los plenos, y dedican todo su tiempo a sus responsabilidades municipales. No pongo ejemplos por una cuestión de elegancia. El Partido Popular ha saltado con un resorte contra la medida. Javier Arenas la ha calificado de “golpe de estado contra el municipalismo” o su lugarteniente Antonio Sanz de “cacicada antidemocrática”. Como las hemerotecas son templos de las contradicciones, un repaso lo dicho en los últimos años deja a los líderes de la derecha con las posaderas al aire. En 2004 y 2008, el PP defendió con énfasis esa medida hasta el punto de que Arenas llegó a proclamar la máxima de “una persona, un cargo” (Recorte de prensa). La salida airada de ahora sólo intenta adaptar el discurso a su conveniencia. Habrá que enviar a los dirigentes peperos rabillos de pasas para tan frágil memoria.

Foto.ABC de Sevilla.

Con Jack Daniels

A Gregorio Verdugo, alias Jack Daniels en el universo 2.0, le han impuesto una tan severa como injusta sanción de nueve meses sin empleo y sueldo por expresar en su blog su opinión sobre la gestión de Tussam, la empresa municipal de transporte urbano de Sevilla, donde trabaja como administrativo. Este injustificado castigo a su libertad de expresión ha provocado la reacción inmediata de sus compañeros y del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento hispalense. El gerente de Tussam, Carlos Arizaga, confirmado en su puesto provisionalmente por el actual alcalde, Juan Ignacio Zoido, explica este abusivo correctivo en que el empleado ha difundido “datos reservados” de esta sociedad municipal y críticas a su gestión a través de su bitácora personal.

La labor de Arizaga concita el rechazo unánime de toda la plantilla desde hace mucho tiempo. Y con este episodio se ha vuelto a poner de manifiesto la tremenda fractura entre plantilla y dirección. El expediente disciplinario por estar relacionado con un derecho fundamental como la libertad de expresión ha de estar muy fundamentado, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional lo preserva especialmente. No se puede resolver un asunto de esta naturaleza desde el autoritarismo ni con el ordeno y mando.

Conozco bien a Gregorio y no se caracteriza por la ligereza o la ausencia de rigor en sus posts. Al contrario, como buen periodista, contrasta los hechos y escribe con precisión. Como diría Serrat, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y cuando se ve negro sobre blanco la cruda realidad no se suele encajar bien. Arizaga, a mi modo de entender, no puede tomar la justicia por su mano, ajustar cuentas desde la arbitrariedad, y menos con algo tan sagrado en democracia como la libertad de expresión.

Si queréis conocer más detalles del caso pincha aquí para acceder a Jack Daniel’s Blog, donde explica de manera pormenorizada su visión de los acontecimientos.

Rajoy enseña la patita

Mariano Rajoy hizo ayer de maestro de ceremonias en la presentación del libro Lo que hay que hacer con urgencia, un volumen con artículos de 32 economistas que se suman a la corriente ultraliberal que galopa desbocada por el mundo. El jefe de la oposición española, siempre tan parco en la difusión de sus recetas, ha preferido el burladero de estos autores con los que sintoniza en la música y en la letra. La esencia del manual apunta a la desamortización del estado del bienestar y la España de las Autonomías. Tres brochazos que dan una idea de las medidas de gobierno de Rajoy si ganara las elecciones:

  • Rebaja en el IRPF: Medida populista porque pagar impuestos no le gusta a nadie… Pero con menos ingresos tributarios se recaudará menos y habrá que recortar en servicios públicos y en infraestructuras. Menos sanidad pública, menos educación pública y menos protección social y puerta abierta de par en par a las privatizaciones.
  • Reducción de salarios. El axioma envenenado de la derecha: menos ingresos para los trabajadores, más beneficios para las empresas. Y de paso se abarata el despido. Las tijeras de la derecha podarán hasta dejar sin una hoja el árbol de las conquistas sociolaborales.
  • Eliminar las embajadas autonómicas. De esta forma rimbombante y manipuladora, quieren ajustar sus cuentas históricas con el modelo autonómico. Nunca creyeron en el título VIII de la Constitución y el PP, a través del combustible incendiario que le suministra Aznar desde FAES, está recuperando el discurso de la vieja Alianza Popular.

En definitiva, aprovechar la excusa de la crisis para dinamitar el modelo social, la igualdad de oportunidades y la autonomía política. Las urgencias de Rajoy y el PP producen pavor.