Un 20-N electoral

A José Luis Rodríguez Zapatero quizá no le quedara otra salida que la convocatoria de elecciones anticipadas. No contar con una mayoría parlamentaria suficiente en la recta final de esta complicada legislatura marcada por la profunda crisis internacional apuntaba a un escenario de desacuerdo parlamentario en torno a los presupuestos de 2012, unas cuentas que serán muy restrictivas por los ajustes que imponen los compromisos de control del gasto público impuesto por la Unión Europea. Al calor de una cita electoral ninguno de los grupos que ha permitido a Zapatero contar con una geometría variable en las Cortes estaba dispuesto a arriesgar. Con este anuncio despeja incertidumbres y aplaca los envites de una derecha obsesionada con recuperar el poder a toda costa.

Estaba cantado que habría comicios en otoño. Quizá lo más llamativo ha sido el momento de la convocatoria, con media más de España haciendo las maletas para salir de  vacaciones, y la fecha elegida, el 20 de noviembre, jornada muy señalada para la derecha patria, aniversario de la muerte del dictador Franco y del falangista José Antonio Primo de Rivera. Particularmente habría preferido otro día. No me parece buena idea esta coincidencia, me da cierto repelús esta paradoja histórica.

La noticia que concitó ayer la atención mediática tenía otra derivada en Andalucía, autonomía que lleva celebrando conjuntamente sus comicios desde 1996. El presidente de la Junta, Pepe Griñán, ha optado por agotar la legislatura. Había dicho reiteradamente que su intención era convocar en marzo y anteponer los intereses de esta tierra a cualquier otra consideración. Tiene estabilidad en el Parlamento y una agenda de trabajo que desaconseja cualquier anticipo. Su firmeza en la defensa de sus planteamientos ha cogido al PP a contrapié. Lleva Javier Arenas pidiendo machaconamente elecciones separadas y ahora que Griñán ha despejado esa incógnita, se descuelga con que la ciudadanía tiene urgencia por ir a las urnas (sic). Esta salida tan ambigua como interesada desnuda el deseo de Arenas de haber ido junto a Mariano Rajoy para aprovechar un teórico rebufo nacional. Este tacticismo pone en evidencia la hipocresía con la que actúa Arenas. ¡Menudo pájaro!

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